jueves, 10 de julio de 2014

Hoy te comés el mundo

[post escrito luego de sufrir, de gritar, de salir a la calle a celebrar eufórica, de hacer chistes sobre Mascherano en Twitter y con una manija tremenda.]

Ya veníamos diciendo que Brasil 2014 era un mundial maravilloso. 
Fase de grupo con goleadas, muchos muchos goles por todos lados. Costa Rica saliendo primero en el grupo de la muerte. El campeón vigente, y el anterior, volviendo a casa en fase de grupos. Los pibes de Colombia bailando deliciosamente en cada festejo de gol. Suárez volviendo de su operación de rodilla y metiendo dos golazos. Y arruinándolo todo con esa mordida al tano. Y siendo exageradamente castigado por la Fifa, en una de las grandes (y no únicas) injusticias del mundial. Partidos con árbitros sospechosamente parciales, goles en contra, arqueros maravillosos. Situaciones horribles, lesiones zarpadas y apenas sancionadas. Penales que no fueron. Definiciones en el último minuto.
La goleada de Alemania a Brasil.

De a poco, muy de a poco, le fuimos tomando cariño al equipo. Messi le tapó la boca con sus goles a todos los que desde hace años lo bardean, dudan de que sea un grande, lo creen sin sangre en las venas. Los demás se jugaron todo, para demostrar que no dependen de un genio, que son grosos ellos también y que ponen todo el huevo y el corazón que haga falta. Sabella, con su pachorra y su falta de carisma demostró que se puede, porque a la hora de la verdad cuentan la inteligencia y el talento. No golean, no siempre gustan, no sé si darán miedo pero imponen respeto. 
Y los vemos ser felices. Es hermoso verlos disfrutar, abrazarse, contenerse, darse aliento unos a otros, bajar del micro cantando, gritar y llorar a más no poder cuando suena el pitazo final. De a poquito, paso a paso, fueron construyendo un sueño.

Ya decíamos que nuestra generación lo merecía. Pero con merecerlo no alcanza. Brasil siempre quiere ser campeón, siempre quiere ser más grande, inalcanzable... y quería lograrlo en su casa. Holanda tiene la sangre en el ojo porque no logran ser potencia mundialista a pesar de su poder. Alemania está cansada de mirar la final desde el tercer lugar. 
32 países llegaron con este sueño. 
Sólo 2 jugaremos la final. 

Hoy empieza a nacer una leyenda. Nuestra leyenda, la de nuestra generación. La leyenda de los pibes que se comieron la cancha. Messi cada vez más eufórico, hasta enojado, desesperado por ganar. Las definiciones de último minuto. Higuaín golpeándose el pecho cuando al fin logró su gol. Las lesiones de Agüero y Di María. Los chistes de Lavezzi a Sabella. Rojo despejando de rabona, metiendo un gol con la rodilla, haciéndole un caño a Robben. La sangre de Zabaleta jugando remendado la semifinal. Romero tapando dos penales. Y Mascherano... Mascherano, que nos hizo temblar de miedo cuando se desplomó en el campo, y que luego jugó como si nada hubiera pasado. Que organizó al equipo desde el principio, que defendió hasta último momento, que recuperó las pelotas que él mismo perdía. Y que le dijo a Romero la frase del año, de la década, del siglo: "Hoy te comés el mundo. Hoy te convertís en héroe".

No importa que enfrente esté Alemania. No importa lo que pase el domingo. No nos achicamos ante nadie.
Hoy se convirtieron en héroes.

[foto publicada en el Facebook de Javier Mascherano]
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[y porque creo que ya es hora de dejar de cantar sobre Maradona y Cannigia, acá mi sugerencia de actualización de la letra del hit mundialista.]

♬ ♬ Brasil decime qué se siente
QUE ARGENTINA ESTÉ EN LA FINAL
te juro que aunque pasen los años
nunca nos vamos a olvidar

QUE MASCHE SE DESMAYÓ
ZABALETA SE ROMPIÓ
QUE ROMERO DOS PENALES ATAJOOOO

A MESSI LO VAS A VER
LA COPA NOS VA A TRAER
ALEMANIA CEBOLLITA VAS A SEEEER ♬ 

domingo, 6 de julio de 2014

24 años después

Yo tenía tres años cuando Argentina salió campeón en el '86. Lo que sé y recuerdo de ese mundial es por todo lo que ví después, por lo que escuché y leí, por lo que me contaron.
Siete años tenía cuando Argentina llegó a la final en el '90. Recuerdo mirar los partidos, recuerdo el sufrimiento de los demás con los penales, recuerdo a las mujeres enamoradas de Goycochea (sí, también pasó en ese momento). Recuerdo, por supuesto, la canción del mundial. Algo que no alcanzaba a entender era por qué estaban todos felices cuando eliminamos a Brasil, si yo veía en la tele a la hinchada brasilera llorando por la eliminación y me sentía triste por ellos... Recuerdo que salíamos a festejar a la calle con cada triunfo, nos encontrábamos celebrando en el centro de Merlo con las maestras y con mis amigas de clase, gritábamos cantitos contra Brasil y contra Italia. Recuerdo la bandera alemana en el centro de la cancha al final del último partido, recuerdo a Maradona llorando. Y esa fue la última vez, hasta ahora, que llegamos a estar tan cerca.

Muchos dicen que la vida es eso que pasa entre mundial y mundial. Para muchos, una vida entera nos pasó entre semifinal y semifinal. 24 años. 24 años cantando que volveremos a ser campeones como en el cada vez más lejano 86. 24 años viviendo de glorias pasadas, viviendo del gol de Cannigia a Brasil, rememorando con una nostalgia tanguera las atajadas del Goyco. En aquella época Neymar ni había nacido, y sin embargo osamos cantarle que va llorando desde Italia hasta hoy, cuando su país, que recuerde, ganó el mundial dos veces después de eso... y nosotros nada.
A pesar de todo, cada cuatro años renovábamos la ilusión, nos esperanzaba el rendimiento de los jugadores en Europa, nos agrandábamos con los triunfos de las selecciones juveniles, se nos inflaba el ego nacional y creíamos que podíamos contra todos. Le cortaron las piernas al Diego, nos rajó Holanda en el 98, nos volvimos en fase de grupos en el 2002, nos bajoneamos con esos malditos penales contra Alemania y volvimos a sufrir sus cuatro puñaladas letales en 2010. No pasábamos de cuartos. De golpe, la ilusión acumulada se transformaba en frustración y en puteadas contra técnicos y jugadores. Volvíamos a mirar la fase definitoria desde afuera y quedaba en evidencia que no éramos tan buenos como creíamos ser. A seguir recordando glorias pasadas, cada vez más lejanas y más ajenas para los nacidos en los '80.

Entre todos los nenes que salíamos a festejar por los rincones del país en el '90 estábamos los que ahora vemos este Mundial sintiéndolo nuestro. Sintiendo que ahora podemos tener memorias propias y dejar de vivir de los recuerdos de nuestros padres y hermanos mayores. Todos esos nenes, que ahora tenemos un poco más o un poco menos de treinta años, tenemos nuestras vidas, nuestras profesiones, nuestros proyectos, algunos incluso nuestras propias familias e hijos, nenes tan chicos como éramos nosotros en aquellos momentos de esplendor deportivo. 

Entre esos nenes había unos pibitos que ni debían pensar que iban a dedicar su vida a un deporte que en ese momento sólo era un juego... ni en sus mejores sueños estarían tan felices como estaban ayer, celebrando en el estadio como si fueran un hincha más. Seguro ni imaginaban que nos estarían ilusionando a otros otra vez, hoy, veinticuatro años después. 



(fotos descargadas del Facebook oficial de Messi)

miércoles, 2 de julio de 2014

117 minutos

La noche anterior

Después de mirar la definición de Alemania-Argelia me preocupo. Todos pasaron sufriendo, incluso contra equipos que en principio podían parecer menos poderosos. Nadie la tiene fácil. Y sufren también los eliminados, claro. ¿Nos pasará a nosotros también? Empiezo a preocuparme. ¿Nos volvemos en octavos? ¿¡Contra Suiza!? Quiero dormir pero no puedo. La habitación está en silencio, doy vueltas en la cama, agarro el teléfono y me pongo a tuitear. Parece que no soy la única nerviosa. ¿Dormirán los jugadores? ¿Qué pensarán ellos? ¿Estarán confiados? No se agranden muchachos, que los partidos hay que jugarlos. ¿Tendrán miedo? Yo sí. No quiero perder. 

Por la mañana

Me despierto, abro los ojos enseguida (inusual en mí), y aún tapada por las frazadas les mando mensajes a mis amigas, con las que veré el partido, con cantitos y banderas. Decido poner música buena onda para bañarme y desayunar. Estoy feliz, contenta y animada. Meto en la cartera golosinas, una especie de vuvuzela que compré cuando empezó el mundial y nunca pude hacer sonar, y el muñequito de trapo blanquiceleste que me acompaña. Subo al bondi, sigo con mi música buena onda y arranco. 

Al mediodía

Bajo del bondi y veo gente desesperada buscando infructuosamente taxis, y negocios con cartelitos "Cerrado por el partido". Llego a lo de Bárbara cuando están por cantar los himnos. Siento una mezcla de nervios y ansiedad, parecidas a ese momento previo a rendir un examen final, con la única diferencia es que acá no puedo hacer nada... sólo ser testigo. No tengo cábalas. Las empanadas están en la mesa pero no puedo comer ni un bocado. Empieza mi proceso de transformación.

Mitad del partido

Me preocupo. Me enojo con el pesimismo de Mariel e ignoro las charlas de las chicas. Estupidizada miro la tele desde el borde de mi asiento y apretujo el muñeco de trapo. Como alguna empanada pero sólo porque está ahí. Hambre no tengo. Salto de la silla cuando pateamos al arco, gritamos todas juntas cuando los suizos se acercan o cuando Romero pierde torpemente la pelota. Trato de estar tranquila pero no puedo. No podemos estar cero a cero. No podemos empatar.

Final del segundo tiempo

Estoy sentada en una posición inverosímil y la tensión se acumula en mi cuerpo. Tengo calor, tal vez porque estoy al lado de la estufa, tal vez porque estoy a punto de explotar. Intento no pensar, no pensar en el alargue, no pensar en los penales, no pensar en que se pudra todo y quedemos afuera. Los ojos me pican y se humedecen: estoy al borde de las lágrimas. Me pongo dos dedos en el cuello y siento las palpitaciones: a mil. Cecilia se preocupa y me dice "no, Lau, cuidado, tranquila". Salgo al balcón.

Empieza el alargue

Desde el balcón del décimo piso de la casa de Bárbara respiro, no me importa el frío. El silencio es casi total. A lo lejos se escucha un auto. El cielo está algo gris. Respiro lento, trato de relajarme. "Di María se corre todo. Es aguantador, ya lo conocemos. Tiene pilas". Vuelvo a mi asiento, vuelvo a apretujar al muñeco, vuelvo a fijar los ojos en la tele, como todas. La sombra de la definición por penales aparece de nuevo. Otra vez no. El riesgo de que alguno pifie y lo lapidemos para siempre. El temor a los periodistas deportivos sentenciando "Con Tévez en la cancha esto no pasaba" o el cínico "Qué querés, si Messi no canta el himno". Las burlas eternas de los brasileros. No, penales no. En los cuartos contra Alemania me fui, no miré la tanda de penales. Rocío me dice "te fuiste y perdimos, así que si hay penales ahora te tenés que quedar". Tiene razón. Tendré que soportarlo estoicamente. Por favor, penales no.

Minuto 117

Dos de las chicas hablan y alguien las calla cuando Palacio roba la pelota. Sigo en el borde de mi asiento, apretujo el muñeco de trapo, no me paro. Cuando la tiene Messi y salta sobre el rojito ese que queda despatarrado sobre el piso abro más los ojos. Se puede, vamos que se puede. Qué hermoso que jugás, pibe (sí, ya sé, tenés 27 años, tenés un hijo, pero para mí sos un pibe). Al borde del final, se la pasa a Di María y renace la esperanza. Definición deliciosa. Antes de que la pelota entre, siento que se me aflojan las piernas, los hombros, los brazos. Una corriente helada nace en mi nuca y baja por la espalda. Siento que peso diez kilos menos. La pelota estalla contra la red.
Gol.
Gol, carajo.
Salimos disparadas del sillón y gritamos con más fuerza que nunca. Me abrazo con Mariel y con Aldana. Abrazo de gol. Saltamos. Abro la puerta del balcón y salimos a gritar. Somos miles. Agarro la vuvuzela y finalmente logro que suene. Retumba por toda la ciudad. 
Gol, carajo. Uno a cero. Siento que el festejo es eterno y temo volver y ver que el partido se dio vuelta. Pero no. Los jugadores también siguen festejando. 

Últimos cinco minutos

Se sufre, pero se sufre menos. El partido no termina más. La suerte que no tuvimos durante 120 minutos aparece ahora, cuando una pelota suiza pega en el palo y después se va. Era la sentencia de penales de nuevo, pero no: tres suizos se tiran al piso derrotados. Destruidos. Al borde de la eliminación. Siguen intentando, mirá vos, estos tipos tenían sangre en las venas. La puta madre. Otra falta, otra tarjeta, un tiro libre, y la reputa madre que esto se termine. Demoran más de un minuto en patear. Se hace eterno. Rocío sigue corriendo por la habitación. No quiere mirar. Que se termine. Patean, rebota en la barrera, pitazo final. 
Terminó. No hay penales. ¡No hay penales, pasamos sin penales! ¡¡¡¡¡¡¡¡Estamos en cuartos!!!!!!!!!!
Al balcón otra vez. Nos abrazamos, gritamos, saltamos, enloquecemos. 
Buenos Aires tiembla bajo nuestros pies.

lunes, 30 de junio de 2014

Un cantito para Messi



Hace unos días, un poco cansada de los cantitos de cancha que bardean a Brasil (¿hijos nuestros? después de que los borramos en el 90 los tipos fueron campeones dos veces más), y de que le sigamos cantando a Maradona (todo bien, pero está retirado, los que están en la cancha son otros) me dí cuenta de que no hay cantitos exitosos para Messi. Metió cuatro goles en tres partidos y es nuestra esperanza. Así que arranqué la campaña  #UnCantitoParaMessi. 
No tengo la suerte de viajar a San Pablo para el partido, así que colaboro desde acá.
[aclaración: cuando compuse (?!) los temas aún no se sabía el grado de la lesión del Kun, por eso lo incluí en las canciones.]

Dejo algunos:

Con el tema de Sergio Denis 
"Messi, compañero
hay que poner un poco más de huevo
con Pocho y Di María lo'corremo
y atrás lo tenemos a Romero, a Romero"

"Suizo-compadre
Messi está que arde"

[resucitando los del 90]
"Salta salta salta,
pequeña langosta
con los goles de Messi 
los hacemos bosta"

"Salta salta salta
pequeño canguro
con Messi y con Agüero 
te rompemo el culo"

con la música de 1 2 3 todos para arriba de El símbolo
"Messi por arriba
Rojo por abajo
bien agarraditos, 
pasito a pasito
metamos un golcito
clap clap clap"
[o "pasito a pasito
te rompemos el culito"
depende si hay menores cerca o no]

"Dale al equipo alegría mi Sabella
el equipo de Messi, de Masche de Sabella
ponelo a Lavezzi copate mi Sabella
daaaaaale Sabella UUOOHH"

con el tema de Los Piojos

"Sabellita querido
a-ver-cuán-do- hacemos dos más
Sabellita querido
los quiero ver correr 
los quiero ver ganar
traenos la copa
copate, papá"

La Bersuit:
"Se viene el estallido
se viene el estallido
con el Pipita
con la Pulguita
también
Y si te queda alguna duda
que Di María meta una
si esto no es una locura
qué es qué es"

Con el tema de Creedence:
"vengo bancando este proyecto
proyecto sabellista y popular
te juro que con estos portentos
la copa vamos a levantar
porque el diego no se fue
lo llevo en el corazón
lio messi es su embajador"

Con la música de Ilarié
"Y Messi mete un gol
me-teun-gol
Pipita mete un gol
me-teun-gol
el Kun mete otro gol
o-tro-gol
este es el show de Argentina 

para el mundo con amor"

viernes, 27 de junio de 2014

Feminist Rant


[este es un enojo por los comentarios machistas que se padecen en momentos de Mundial]

En varios lados, más que nada en Twitter, veo mucho hombre indignado con las mujeres que opinamos de tipos lindos. Muchos saltaron más que nada con el baboseo con Lavezzi; yo tengo un repertorio mucho más grande de tipos que admirar, como reflejé en el ranking de churros 2014 (hay churros para todos). 
¿Qué les molesta? ¿Les jode que las minas nos metamos en un ámbito típicamente masculino como es el fútbol? ¿De verdad creen que LO ÚNICO que podemos decir del mundial es "qué bueno está tal" o "no entiendo el orsai"? [como si fuera TAN difícil] ¿O les jode que admiremos unos lomos claramente trabajados y difíciles de acceder para el común de los mortales? ¿O les molesta que hablemos abiertamente de tipos que nos gustan / nos cachondean / porque las mujeres no podemos cachondearnos? ¿Acaso las mujeres no podemos desear tan abiertamente como lo hacen los hombres? 
En un mundo mediático lleno de tetas y culos y físicos femeninos impresionantes y modelos ideales imposibles de alcanzar, déjense de joder con indignarse porque nos gusta el lomo de Lavezzi o la cola de Higuaín. ¿O acaso no se lo pasan hablando de lo buena que está Pampita o del culo que tiene la Cirio?
Suele molestarme que piensen que soy boluda porque soy mujer (varias notas de revistas femeninas dan esa idea). Y también me molesta tener que medirme "porque si hablo de tipos lindos voy a parecer idiota". Podemos disfrutar del deporte, apreciar la competencia y mirar tipos. Podemos hacer todo eso a la vez, y más. En fin, 2014 y seguimos discutiendo sobre "las mujeres y el mundial". Uf.

[ah, los mismos que se indignan por las minas cachondas seguro que son los primeros en bardear al Kun porque sale con "gordas". O que les parece una exageración que nos quejemos de ciertos políticos que hablan de los culos de las minas. O que no tenemos que protestar por las guarangadas que nos dicen en la calle. Y muchos etc. más.]

miércoles, 14 de mayo de 2014

Las aventuras del abuelo antártico

[empiezo a escribir con un nudo en la garganta y sin saber por dónde empezar... pero ahí vamos]

Cuando era chica me encantaba leer. Me iba de vacaciones o de paseo con un libro bajo el brazo y viajaba por mundos reales o imaginarios... y podía visualizar los lugares que me describían los cuentos con una nitidez asombrosa. Podía ser un cuento de hadas clásico lleno de bailarinas, la casa viva que asesinaba a sus habitantes en Socorro o la isla de El Secreto de los Delfines de la colección Elige tu propia aventura. En ese contexto y en esa época de la vida donde la imaginación es moneda corriente y las responsabilidades son algo lejano, cuando yo tenía nueve años el mito y la realidad se mezclaron en un evento: mi abuelo se fue de viaje a la Antártida. 

Se fue por poco tiempo y se terminó quedando seis meses para trabajar como carpintero en la Base Marambio... allá, en el culo del mundo, en ese lugar que para nosotros tiene forma de triángulo porque así sale en los mapas, en el otoño del polo Sur se mandó al continente blanco. Yo no recuerdo particularmente extrañarlo, porque como vivíamos en distintas ciudades igual nos veíamos poco. Pero recuerdo cada vez que llamaba por teléfono... la casa se transformaba y las aventuras antárticas volaban como relámpago entre amigos y parientes. Calculo que yo, a su vez, le contaba a las maestras y a mis amigos las cosas que escuchaba y entendía. 

Para mí el mito empezó cuando el abuelo volvió. El día que llegó se reunió toda la familia junto con un montón de amigos en mi casa. Unos amigos de mis papás nos habían prestado una filmadora, toda una novedad tecnológica en 1992, para filmar el evento: "La afeitada". Él ya nos había dicho que hacía un montón que no se afeitaba y que tenía barba blanca, y yo flasheaba con que mi abuelo se había convertido en Papá Noel. Toda la familia participó de la afeitada, así como en el cumpleaños todos se sacan una foto con el cumpleañero... nosotros tenemos foto con abuelo barbudo y tijerita en mano. Yo también, aunque siendo torpe y corta de vista era toda una amenaza, di mi aporte a la afeitada colectiva.

A partir de ese momento y para más o menos siempre, los eventos familiares estuvieron regados de anécdotas antárticas: el rito de "iniciación" de tirarse en la nieve; los días que pasaban adentro porque no se podía salir por las tormentas, cada llegada del avión con provisiones (y el asco que me daba cuando contaba que todos se congelaban y las cucarachas que bajaban del avión seguían panchas como si nada, indestructibles, highlanders), que sólo podían ver canal 7, que jugaban mucho al ping-pong, que una vez lo agarró una tormenta de viento y voló no sé cuánto hasta caer machucado en la nieve... Imaginen lo que pasaba por la cabeza de una nena de diez años al imaginarse al abuelo volador. Cada anécdota venía acompañada de su foto, aunque no entendíamos nada porque para los no-antárticos era todo igual: blanco, blanco, nieve, más blanco, una casita roja, una bandera argentina, blanco y más blanco, hombrecitos vestidos de naranja. Ah! Porque el uniforme era parte del mito: los que flashean con ser astronautas ya se imaginan con el traje y el casco, yo visualizaba hombrecitos naranjas con gorras con orejeras. Seguro que si le preguntan a alguien de la familia se va a acordar de cosas distintas pero todos tenemos algún recuerdo de las anécdotas antárticas. O casi todos... valga este post de recuerdo para los nietos que nacieron después. 

Hace 22 años el abuelo se fue a la Antártida, volvió al poco tiempo y nos inundó de anécdotas y relatos de aventuras que, al menos para mí, superaban cualquier ficción. Hoy estoy triste porque hace un año se fue, esta vez a un lugar que nadie conoce y de forma permanente; y sin embargo, también estoy feliz porque cada recuerdo que tengo de y con mi abuelo me arranca una sonrisa. 

[avión + hombrecitos naranjas.
Cortesía: google images]


[las casitas de la Base Marambio
cortesía: google images]





sábado, 3 de mayo de 2014

La venganza de Moctezuma

[Advertencia: de un post como este no hay retorno. Ya puedo hablar de cualquier cosa]


[Ya saben que aquí encontrarán cosas que en blogs de viajes y programas de tv ni se insinúan. Dudo que Iván de Pineda toque estos temas en sus programas. Marley capaz que sí.]



Según mi amiga argento-mexicana, "La venganza de Moctezuma" es el nombre chilango para referirse a enfermedades (particularmente estomacales) que le agarran a los extranjeros (especialmente españoles) que visitan México: ¡Ja! ¡Invasores! ¡Si son tan guapos bánquense estos chiles picosos!


Así descubrí que tengo el privilegio (?) de haber sufrido la venganza de Moctezuma (y también sentí el poder de Chaac, como habrán leído acá). Es una manera prolija de describir ese momento horrible, y tremendamente papelonero aunque se lo lleve con elegancia, de la llamada "diarrea del viajero". Qué porquería. El consejo que te dan siempre es: no tomar agua a la que uno no está acostumbrado, cuidarse en las comidas, no entrarle con desesperación al morfi exótico, porque el cuerpo de viaje tiene extraños comportamientos. Pero no, Laurita no aprende. Se entrega a las delicias gastronómicas y luego paga las consecuencias.


Papelón adolescente


De adolescente solía pasar parte de mis vacaciones en Villa Gesell con una amiga. Ah, qué lindo, tener 16 y que todas nuestras preocupaciones fueran playa - cena - boliche, así durante muchos días. Fantástico. En aquella época ninguna de las dos andaba con cámaras de fotos a cuestas, y esto da cuenta de que mi adolescencia quedó lejos, lejos. En estos tiempos de selfies compartidas al instante con el mundo entero, lo confieso: viví en el siglo XX. Aún así, en mi memoria guardo recuerdos memorables de esas vacaciones plagadas de carcajadas, de conversaciones filosóficas, de clases de aerobic y partidos de voley, y de mates en la playa al atardecer. Ah, qué lindo. Qué lindos los mates con churros. Qué lindo comer churros mientras relojeábamos el desfile de churros que paseaban por la playa. Qué ricos los churros rellenos de Gesell. Qué bueno que éramos flacas y podíamos bajarnos una docena de churros sin engordar. Ay, los churros. 

¿Cómo lo puedo decir de manera elegante? Los churros... me cayeron mal. 
Me drogué con todo lo que tenía a mi alcance, la mamá de mi amiga me curó el empacho, durante 24 horas sólo dormí y comí galletitas de agua, mientras sufría en silencio la humillación de que toda la familia (o sea, el hermano lindo y mayor de mi amiga) supiera lo que me pasaba. 
Pasaron muchos años y jamás volví a comer ese horror de la gastronomía playera llamada churro relleno. Vade retro Satanás. 


Papelón recién graduado


Cuando terminé la facu sentía que pesaba muchos kilos menos. Ya no más finales, no más trabajos, no más preocupaciones. Tenía por delante un mundo de éxito (?) y para celebrarlo nos fuimos con mi novio a unas despreocupadas vacaciones por Salta y Tucumán. Hermoso recorrido, tres semanas por los Valles Calchaquíes desenchufan a cualquiera. Y la gastronomía salteña es... no sé, deberían declararla Patrimonio de la Humanidad. Pasamos los primeros días en la ciudad de Salta (insisto: recomendadísima) y una tarde nos fuimos a San Lorenzo, un lugar muy lindo con río y montañas en las afueras de la ciudad. Mención aparte para las deliciosas y enviciantes empanadas salteñas. Enviciantes es la clave. Aceitosas es la segunda clave. Nos mandamos una docena de empanadas entre los dos, y todo bien.

Ese día todo bien, pero tenían efecto retardado. En esta ocasión, el efecto "churros de Gesell" me agarró en la madrugada, en Cachi, de campamento, después de guitarreada con vino tinto con otros hippies del camping, sin madre de amiga que cure el empacho ni botiquín con Sertal a mano. Desastre. Mi novio me vio la cara de zombi pseudoresucitado a la mañana y me llevó derechito al hospital. Peeeero si sho estoy bieeeen intentaba decir, pero no tenía energía ni para hablar. El médico se moría de risa cuando le contaba todo lo que había comido, calculo que debía estar especializado en turistas empachados de poca resistencia digestiva. 

Consecuencias: excursión del día cancelada, inyección de buscapina, tomar durante 2 días agua mineral con unas sales locas y asquerosas, medio camping enterado de que no podía tragar bocado, una debilidad que durante varios días no me permitió trepar ni media lomadita y un novio que me cuidó y se ocupó de cocinarme arroz con los implementos prestados por los hippies solidarios.

Consejo: MO-DE-RA-CIÓN con las empanadas. Es difícil, pero se puede. Volví a Salta un tiempo después y disfruté de su gastronomía con más tranquilidad y sin grandes sobresaltos. Pero sin bajarme una docena de empanadas, claro. Con una sola (por comida) fui feliz.

Mención especial para el excelente Hospital Municipal de Cachi.


Papelón internacional: La venganza de Moctezuma



¿Para qué entrar en detalles? Sólo puedo contar que mi cuerpecito resistió durante dos semanas los ataques que le propició la gastronomía mexicana... y eso que me moderé porque el picante no me copa tanto. Pero al comenzar la tercer semana las defensas se aflojaron, empecé a extrañar, me sentía rara en una ciudad hostil, y bueno. 

Una hermosa costumbre que tienen los hoteles mexicanos es que en todos, desde el hotelazo top hasta el hostel rasca, tienen una botellita de agua para cada huésped, porque NO-SE-TO-MA el agua de la canilla. Todos los hoteles están preparados, menos ese lujoso all-inclusive de Cancún. Ahí descubrí, también, que los "olinclusivs" sólo incluyen algunas cosas en algunos horarios: los restaurantes y bares cierran, y a las 3 am no hay nada abierto ni nada inclusiv. No tenía agua para tomar mi necesaria buscapina así que no me quedó otra que llamar al servicio de habitación para pedir una triste, dolarizada y carísima botellita de agua mineral. 
Al día siguiente me sentí mejor, y con la certeza de "el tequila mata todo" (!) me dí el gusto de tomar unos buenos margaritas frente al mar. Si vamos a morir, que sea de lujo.


En fin... una descompostura viajera pasa hasta en las mejores familias. Hay gente que lo pasa muy mal, por suerte no fue mi caso, pero ya se sabe que hay que tener cuidado: no exagerar con las comidas locas si uno tiene un estómago sensible, tratar de tomar agua envasada, no comer verduras crudas si no sabemos cómo se lavaron, etc. Igual, es imposible estar al tanto de todo a no ser que uno se vuelva un freak, y no da privarse de gustos: quién se puede negar a un zuco de abacaxi bien natural en una playa brasilera, a unos mariscos chilenos, a unas empanadas salteñas... Hay que disfrutar, relajarse y gozar, o como dicen los viejos, los gustos hay que dárselos en vida. Venganza de Moctezuma: no te tenemos miedo.