viernes, 26 de junio de 2015

Aventuras en el transporte público

En la ciudad se viaja cada vez peor. No me vengan con innovaciones locas: los bondis están llenos, demoran cada vez más en venir, en el subte estás ensardinado y el tren tarda un huevo Ni que hablar si además estás embarazada y querés viajar en colectivo, o si estás con el bebé de este lado del mundo y tenés la alocada idea de moverte más allá de un par de cuadras de tu casa. Salir a la jungla urbana con la panza o con el pequeño es una gran aventura: la ciudad es un ecosistema no apto para pequeñitos.

Además, dentro de casa o en entornos familiares una está (o debería estar) bastante contenida y mimada. Pero puertas afuera pasamos a ser una embarazada más, o una mina con críos más. Y eso puede generar dos cosas: una inusitada ternura por parte de la gente que te va a dar charla (y para los que traer hijos al mundo es lo más maravilloso que puede haber), o malísima onda por parte de otros que se hacen los dormidos, los indiferentes o los contestadores (como si traer un hijo al mundo fuera una afrenta a su relajada y adulta vida). Una agradecería generar indiferencia, pero eso casi nunca ocurre. O sólo pasa en la zona roja de embarazadas, esa región por Facultad de Medicina y alrededores llena de hospitales, sanatorios y consultorios donde brotan las panzas en cada esquina y nadie se emociona con una gorda más.

Teóricamente, todos los colectivos y subtes tienen asientos reservados para personas con movilidad reducida: viejitos, discapacitados, embarazadas y gente con bebé a upa. En la práctica, estos asientos son usados por todo el mundo, lo que no está mal, por supuesto, siempre que al llegar una persona con prioridad pueda conseguir su lugar, lo que no siempre ocurre. De todos modos, lo peor es cuando esa persona-con-prioridad se encuentra con otra persona-con-prioridad. ¿Quién define quién tiene más prioridad? ¿A partir de qué momento del embarazo una mujer empieza a reclamar su asiento? ¿A partir de qué momento se considera que una viejita es una persona prioritaria?

¿Qué hacer cuando todos los asientos prioritarios están ocupados? Un duelo de miradas es la posibilidad, y se puede llegar a arengar a la multitud viajera para que termine de decidir. Llorar es otra opción, y más estando embarazada (ay, las hormonas). Gritar es otra, reclamar e indignarse por lo mal que está la sociedad (las viejitas seguro se suman en esta opción). Pero la más saludable es, a veces, dejar pasar el bondi y esperar que venga otro (cuando sos persona prioritaria aprendés a esperar más). Una buena opción es evitar las horas pico; pero no siempre se puede, en ese caso no queda otra que apechugar y mandarse en el transporte que corresponda. La opción de lujo es tomar un taxi, y en un punto te acostumbrás a considerar ese gasto como parte del presupuesto (total estás ahorrando en salidas nocturnas, en bebidas alcohólicas y en todas esas cosas divertidas que antes se llevaban tu dinero).

Muchas veces la gente es amable. Si el asiento necesario está ocupado se levantará sin chistar, o chistando muy bajito, y una agradece el gesto y todos viajan felices. La mayoría de las veces los amables y buena onda son los jóvenes, adolescentes que salen del colegio y que no tienen drama en ofrecer su lugar. Lo más probable es que en el asiento de al lado haya otra futura mamá o mamá reciente o una viejita, y que te den charla aunque no quieras. "¿De cuántas semanas estás?" "¿Va a ser nena o nene?" "Qué bonito, cuánto pesó al nacer?" "Qué lo parió, este gobierno de mierda que..." (nunca faltan!). Puede que hasta incluso toquen tu panza o la cabeza del nene. Juira!

En otros casos, la gente es mala onda. Me pasó una vez: en un 34 tuve que pedirle el asiento a una señora que viajaba con su hija de unos once años (ahí también nos preguntamos ¿hasta cuándo un niño es prioritario?); la mina me lo dio pero empezó a limarse las uñas parada al lado mío, con lo que toda su onicomugre caía sobre mi ropa (¡sobre mi camisa negra recién planchada!). Un verdadero asco. Me pasó otra vez: Los primeros cuatro asientos del 49 estaban ocupados por señoras mayores, pero en los dos restantes, mirando para atrás y al lado de la puerta, había un tipo de unos cuarenta años y su hijo de unos diez. Me acerqué, les pedí el asiento, exhibí mi panza de seis meses con ropa liviana de verano (o sea: se notaba)... nada... por favor, me dan el asiento... cri cri... ¿no me darías el asiento? ... miraban al piso, hablaban entre ellos. Al adulto ni siquiera se le ocurrió mentirme un esguince o un dolor de rodillas. Me fui al fondo del colectivo y le pedí el asiento a un flaco que iba re pancho escuchando música; mientras el bondi avanzaba perdía mi fe en la humanidad.

La fe en la humanidad me volvió unos días después, en un 114 cargadito volviendo de Devoto. Miré entre los asientos reservados y una señora con cuello ortopédico me dijo "vení, sentate acá que ya bajo". Mientras el bondi frenaba hice lugar para que pase la señora, y en ese interín de maniobras vino a toda velocidad desde el fondo una mina escurridiza, bajita, pensé que era una nena, a sentarse en "mi" asiento. "Chau, cagué", pensé, "a retomar la campaña y pedir otro lugar". Y en un segundo un señor que estaba parado la vio venir, la frenó tapando el camino cual patovica amargo y le dijo "MO-MEN-TI-TO. Este asiento es para la chica". La ciudad también está poblada de héroes anónimos.

Cuando el niño nace ya no hay que cargar sólo con la panza y la cartera, sino también con el niño enmochilado y el bolso lleno de cosas, tenemos una mano ocupada con la sube y otra sosteniendo la cabeza del bebé no sea cosa que se golpee. De a poco, con el pasar de los días y de los paseos, nos convertimos en esa mujer que antes nos parecía ajena: la mujer pulpo.

Cierro este post sobre aventuras en el espacio público (ampliamos un poco el territorio) con una mención especial para Las Viejitas. Esas simpáticas señoras que nos tocan la panza, nos hablan de todo en el viaje aunque no les preguntemos, a veces nos reclaman el asiento sin darse cuenta del bombo o del pibe, y le tocan la cabeza, la nariz y las patitas a nuestra querida criatura... Una tarde, saliendo del curso preparto, me paro en una esquina para cruzar la calle y una ancianita que pasaba frenó, me tocó la panza y me dijo "querida, mucha suerte con tu bebé" (?!). Y ayer nomás, mientras paseábamos en carrito por la calle, otra ancianita más ancianita que la primera caminó bastante hacia mí, me tocó del brazo, me hizo frenar y me dijo "Dale, mostrame a tu hijo". "Ahí, está, dormidito" le dije sin hacer contacto visual y a toda velocidad salí rajando. Y me convertí en otra persona, hasta ahora, totalmente ajena: la NoSeMetanConMiHijo. Guarda, parece una mina jodida.

miércoles, 13 de mayo de 2015

Las fotos que no sacamos

Quienes me tienen de contacto en Facebook pueden ver que los estoy inundando de fotos y anécdotas de mi hijo: les cuento cuánto crece, cómo se porta, cuánto duerme, subo fotos hasta de su primer visita a la peluquería... Durante el embarazo estuve igual, a full con las fotos de la panza y las anécdotas de la vida cotidiana.
Pero el embarazo y el puerperio tienen muchas situaciones poco fotografiables, ya sea porque son escenas feas o delmal gusto o porque ni da agarrar la cámara o el celu en esos momentos. Cada vez hay más publicaciones, revistas, libros, series, blogs, etc... que comentan estas cuestiones, el "lado real" de la maternidad, así que no vengo a decir nada nuevo, pero en estos días fui armando mentalmente, en momentos de relax (léase: mientras me ducho) mi lista de escenas-no-fotografiadas. La mayoría tienen alto contenido escatologico que puede afectar su sensibilidad.

* Durante la búsqueda del embarazo, además de las situaciones xxx que no detallaré porque mis padres me están leyendo, me lo pasé perfeccionando un deporte de alto riesgo: hacer pis en palitos (o en bandejitas, dependiendo del modelo de test elegido). Mañanas de test de ovulación primero (que a efectos prácticos funcionan como el test de embarazo, haciendo pis en un cosito que después cambia de color con el resultado) y mañanas / tardes o noches de tests de embarazo después... momentos en que estamos lejos de volcar prolijamente un líquido azul y dejar a la esperante con carita de tranquilidad y confianza en el futuro. Más bien estamos ansiosas por mear después de 3 hs de retención de líquidos y con cara de cagazo, resignación, etc. donde los minutos de espera se hacen eternos. Momento en que dan pocas ganas de sacar fotos. [confesión: al positivo sí le saqué foto, pero no tanto como recuerdo sino más bien para mostrárselo al padre de la criatura cuando llegara y preguntarle si entendía lo mismo que yo].


* Confirmado el embarazo, hay que hacer varios estudios médicos. La ecografía donde escuchamos los latidos y vemos a nuestro hijo (o a algo que nos dicen que es un embrión pero solo vemos una manchita blancas sobre un fondo gris) es sólo uno de los estudios. Algunas parejas hasta sacan fotos o filman el momento. Pero en otras situaciones queremos las cámaras lo más lejos posible. La curva de glucemia, por ejemplo... no es nada terrible, pero está lejos de ser elegante: una extracción de sangre, un jugo asqueroso, dos horas de espera haciendo nada y otra extracción. Para ese entonces yo ya portaba una panza importante, mucho mucho hambre y  sueño y sentía que debía ser fuerte y no vomitar ese líquido ultradulce que hay que tomar. La técnica que me sacó sangre se acordaba de mí dos meses después, cuando fui al otro estudio, que no sólo incluía análisis de sangre sino también hisopado vaginal y anal... y requería nuevamente retención de orina. Con panza de ocho meses, agradecí no ser una panzona famosa con una banda de papparazzi esperando en la puerta. Rajemos del laboratorio lo antes posible y que nadie me vea con esta cara de desastre.

* Otro momento nada fotografiable (hasta la partera nos dijo "no me manden fotos") es ese en que chequeamos fluidos a la hora de ir al baño, en especial al final del embarazo. Cualquier cambio o modificación en la cantidad - color - textura nos dispara la pregunta "será que perdí el tapón?" o, más urgente "eso es pis o estaré rompiendo bolsa?".  Y no nos animamos a compartir la inquietud con nadie, ni con nuestro marido, que ya bastante se bancó hasta ese momento. Teniendo a la partera en el whatsapp se entiende por qué nos pide que no le mandemos fotos.

* Atravesado el parto, con lo agotador y crudo del momento, viene el postparto... ese momento en que tenemos que lidiar con el cambio más grande de nuestras vidas: la llegada del hijo, pero también las pérdidas, los puntos, la dificultad para sentarse si te hacen episiotomía o para pararse si te hacen cesárea, la hinchazón generalizada, la panza que no se va del todo pero que en lugar de estar tersa y tierna es una cosa fofa que no queremos ni tocar. Por suerte para ese momento todo el mundo está entretenido sacándole fotos a la nueva criaturita, y ante cualquier comentario podemos mandar a todos a la mierda alegando emoción violenta por desequilibrio hormonal (o como dice una amiga, "puerperio feroz").

* Si tenemos la suerte de que funcione y las ganas de hacerlo, los días posteriores al nacimiento estarán dedicados a la dar la teta. Hay campañas fomentando la lactancia materna que indican todos los beneficios que tiene, con fotos y gráficos de posiciones para amamantar muy adorables, de hermosa comunión entre madre e hijo. Lo que no se dibuja ni fotografía es el enchastre que se genera, al menos hasta que todo el asunto se regulariza: el pibe suelta la teta sin avisar y una queda chorreando, para evitarlo la próxima se pone una toalla pero en ese momento el pibe come de más y lanza un montón de leche sobre su ropita y en el piso, para lo que traemos además de la toalla una babita para limpiarlo, pero la vez siguiente duerme un montón y producimos de más y entonces nos mojamos la ropa, y entonces a la babita y la toalla sumamos un protector mamario, y para la vez siguiente ya nos resignamos a usar una "camperita de lactancia", es decir un buzo hecho pelota que no nos da pena mojar o que el niño vomite, y así...

* No sé si echarle la culpa a las hormonas, a las molestias de la cesárea, al reacomodarme en esta nueva vida, al cansancio, al enchastre lactante, o a todo junto, pero mis ataques de llanto (directamente proporcionales a la dificultad para dormir del bebé) son una postal bastante penosa de mis primeros tiempos maternales.

* El líquido azul de las publicidades de test de embarazo y toallitas femeninas vuelve a aparecer en las publicidades de pañales. De todo el universo publicitario creo que las de pañales son las más engañosas. No sólo no hay manera de que ese bebé baile ula-ula, tampoco hay forma de que duerman 12 horas porque "están sequitos" y no hay manera de comparar ese líquido azul con las cosas que suelen encontrarse adentro (o alrededor) de los pañales. Pero esto ya lo sabíamos, los bebés hacen pis y caca y se ensucian y ensucian otras cosas (su ropa, el cambiador, el agua de la bañadera) y es nuestra tarea como padres dejarlos limpitos.  Y tratar de dejar limpio lo demás que haya ensuciado. Aunque nuestro buen gusto nos impida sacarles fotos en esos momentos, se llevan gran parte de nuestro día.

* Lo más ridículo que me encontré haciendo fue no sólo ir al baño con la puerta abierta sino además hablar con el niño, que miraba el techo desde su sillita [léase con voz de "le hablo al nene con esa vocecita impostada que prometí jamás usar en mi vida"]: "ya hiciste caca vos hijo, ahora tiene que hacer mamá, que tiene ganas hace como una hora pero tenía que darte la teta". Si el pequeño pudiera hablar seguro diría "Demasiada información vieja, hacé tranquila, llevate una revista y dejate de joder".

viernes, 24 de abril de 2015

1 mes

Hace un mes salió de su primer hogar, de la cómoda panza de mamá, y llegó a este lado del mundo. Desde el primer momento vivió rodeado de abrazos y de gente que lo quiere. En este intenso mes tuvo que aprender muchas cosas... cómo comer, cómo lograr que le prestemos atención, que ensuciarse el pañal es un fastidio y que no dormir también lo es. Cada día está más despierto, aprendiendo y registrando cosas que ni imaginamos. Le gusta estar a upa, usar la teta de almohada después de comer y charlar mientras lo cambiamos. No le gustan los ruidos bruscos, como el que hacen las motos que aceleran de golpe, el desodorante en aerosol que usa mamá y los paquetes de galletitas. Cuando duerme tiene mucha paz y hace caras locas, a veces sonríe y otras frunce el ceño con fastidio.

Hace un mes llegó nuestro primer hijo y cada día se llenó de desafíos, cosas nuevas que aprender a cada momento y la dificultad de enfrentarlo todo con cansancio y saliendo de la operación. Debí reaprender de todo: caminar, subir las escaleras, bañarme, salir a la calle... pasado un mes ya estoy muy funcional otra vez. Y también tuve que aprender cosas nuevas, desde amamantar hasta cambiarlo, bañarlo y cortarle las uñas. Cada día hay pequeños triunfos cotidianos (que se prenda al chupete, que siga una voz con la mirada, que se quede despierto sin llorar) y bastantes obstáculos a superar, armados de mucha paciencia (enchastres en el cambiador, llantos sin solución aparente, no conseguir los pañales que queremos). En eso estamos... mientras el padre volvió a trabajar, llevando su estado zombi lejos de casa por varias horas, mi día está lleno de pequeñas tareas, siestas en horarios locos, malabares para agarrar el teléfono mientras doy la teta, etc. Cada vez que hablo con alguien no hago más que hablar del niño, del nacimiento, de mi cansancio y de lo difícil que es conseguir el Woolite para lavarropas (calculo que en algún momento volveré a tener conversaciones interesantes para el resto del mundo). Y cada noche me voy a dormir cayendo en la cuenta de que el que está ahí, en la cuna, haciendo ruiditos locos hasta dormirse, es nuestro hijo, el que tanto esperamos y que ya tiene un mes.

martes, 14 de abril de 2015

Frases célebres


Nuestro hijo ya tiene tres semanas, al menos en el momento en que comienzo a escribir este post (quién sabe cuándo terminaré). Estamos en pleno período de adaptación a esta nueva vida, con una hermosa y demandante personita en nuestro hogar. En los ratos libres donde no pienso en llanto/ teta/ pañal/ lavadoderopita/ planchadoderopita /quierodormir/ meduelelapanza fui recordando muchas de las cosas que me dijeron desde el momento en que quedé embarazada e identificando cuáles me sirvieron y cuáles absolutamente no. 
Ante una panza, y luego, si todo sale bien, ante el niño que emerge de ella, todos opinan y a una no le queda otra que escuchar... o huir del planeta. Todos opinan incluye hasta el vendedor de herramientas o el verdulero del súper chino. Algunas de esas frases nos quedarán dando vueltas en la cabeza y volverán, asomándose tímidamente entre los omnipresentes llanto/teta/pañaletc... que invaden nuestros pensamientos. Aquí comparto las frases que a mí más me resuenan, no diré los nombres de quién me lo dijo porque no siempre lo recuerdo, ja. 

"Cada embarazo es distinto", porque básicamente nosotras somos todas diferentes, y nuestros hijos también. Lo que le sirve o sucede a una persona no aplica para otra, y si en la vida en general no se puede andar generalizando, en un embarazo mucho menos. Hay que vivir y disfrutar (y dejar disfrutar) cada experiencia que, como tal, es única.

"Sólo te daré un consejo y es que no sigas ningún consejo". Así de contradictoria como suena la frase, encierra mucha verdad. Modificaría la frase un poco: sólo seguí los consejos que te sirven y/o son bienintencionados. Una tiene que confiar en lo que le dice su propio instinto y sentido común ante muchas cosas; aunque digan que el embarazo nos quema las neuronas, seguimos funcionando y pudiendo pensar por nosotras mismas. Está en cada una darse cuenta de cuándo te están diciendo una huevada y cuándo algo que realmente tiene sentido o utilidad, de cuándo tan solo la otra persona está haciendo catarsis de su propio embarazo/parto/m(p)aternidad (o simplemente siendo chusma de lo que le pasó a la hija de un vecino) o de cuándo está interesada en lo que efectivamente te pasa y/o necesitás. 

"Todos los días recuerdo el día en que nació mi hija" Esto me lo dijo una amiga hace mucho y me llamó la atención. No podía imaginar, hasta que me pasó, lo increíblemente intensa que es la experiencia de tener un hijo, los detalles que recuerdo, lo vívido de cada sensación. El olor a café que tenía mi marido cuando volvió a entrar después de que me pusieran la anestesia, el perfume que tenía el camillero que me llevó hasta el quirófano, la canción que había escuchado con mi hermana un rato antes y que sonaba en mi cabeza durante el trabajo de parto (todavía la escucho y me emociono), toda la gente comentando el frío que hacía en la sala y yo "ah pero yo estoy joya". Y obviamente la imagen del bebé saliendo de la panza, todo sucio y grandote, muy despeinado y chupándose el puño. Inolvidable. 

"No es más madre la que tiene un parto normal que la que tiene una cesárea." Fundamental para no sentirse angustiada o "menos" que las demás o lo que sea, siempre y cuando confiemos en los médicos que nos tratan y en que la decisión es la mejor tanto para la mamá como para el bebé. En los días previos leí tantas cosas sobre lo horrible y manipulada que es la intervención, en oposición al parto natural no-intervenido médicamente que decidí dejar de leer por las dudas. Y por suerte lo hice. También conocí gente que me habló de la buena experiencia que fue su parto por cesárea. Como dije más arriba, todas las mujeres, embarazos, partos y bebés son distintos y cada quien encarará el tema de forma diferente. Pero a la hora de criarlos lo que importa es el pibito o pibita que está ahí afuera, y no tanto cómo llegó hasta ahí.

"Hay que ponerle huevo a la lactancia" y "Las puericultoras son seres de luz". Estas dos frases me las dijeron dos amigas en dos contextos diferentes, pero van juntas. Porque una imagina que el pibe nace, del modo que sea, te lo traen todo limpito y en un momento inmaculado a los minutos del parto la criaturita se prende a la teta y empieza a alimentarse como corresponde. Los dibujos de "técnicas y posiciones de lactancia" muestran a una madre satisfecha y a un niño tranquilo y quietito. Suele ser un poco más difícil el asunto. No siempre el niño tiene hambre cuando nace, tal vez salga un poco descompuesto y no quiera saber nada (como le pasó a Fabri) y tal vez la madre quede tan cansada física y anímicamente que no esté en condiciones de agarrarlo (como me pasó a mí). Cuando vino por primera vez la puericultora (especialista en lactancia, o tetóloga como le digo yo) el cuerpo aún me temblaba tanto que me dio miedo agarrar al bebé y que se me cayera. Las dificultades para "prenderlo a la teta" siguieron durante varios días, y ahí recordé eso de "poner huevo": ante el primer pezón agrietado, bebé que no prende bien o cualquier otra dificultad dan ganas de enchufarlo a una mamadera y olvidarse del asunto (cada mujer decidirá cuánto, cómo y si realmente quiere dar la teta. La bajada de línea en este sentido también puede ser agotadora). Por suerte, en nuestro sanatorio teníamos todos los días la visita de una o dos puericultoras que nos ayudaban, con distintas técnicas y muchísima paciencia, a que el bebé finalmente se prendiera y pudiera alimentarse bien. Pero lleva tiempo y a veces se necesita ayuda. Cada vez que una tetóloga entraba a la habitación a mí me entraba un alivio enorme: como dijo mi amiga, son seres de luz. 

Una frase que llegó tarde pero que es muy cierta: las primeras 72 hs son las más difíciles pero nadie te lo dice. Dicho por una chica que fue madre un par de semanas antes que yo. Pasar del estado de letargo y espera de las últimas semanas del embarazo a la vorágine post-parto, recuperarse y tratar de ver qué hacer con ese niño que está, a su vez, intentando entender qué es esto de vivir fuera de la panza puede ser agotador y angustiante. Pero se atraviesa, con intensidad, y se sobrevive. O algo así :P

Seguramente hubo mucha gente que me dijo cosas piolas que me iré acordando, y cosas boludas que prefiero olvidar. El top del ranking de Bolufrases está ocupado por todas las relacionadas con el dormir: "aprovechen a dormir ahora" u "olvídense de dormir después". Pero como supongo que seguiré coleccionando bolufrases, prefiero dejarlo para otro post.


viernes, 13 de marzo de 2015

Capítulo I

Estamos llegando al final del primer capítulo de tu historia, el capítulo que vivís dentro de la panza de mamá, días de pataditas y movimientos cada vez más fuertes. En el mundo exterior nos preparamos para recibirte y tenemos muchas ganas de conocerte, saber cómo será tu carita, tu carácter y cada detalle de tu ser.

Empezamos a escribir este capítulo mucho antes de tu nacimiento, cuando con papá empezamos a soñarte y a esperarte. Decidiste llegar en tu propio tiempo, enseñándonos a aceptar lo impredecible. Supimos de tu llegada y nos esperanzamos con que ese montoncito de células se sintiera a gusto en su nueva casa y siguiera creciendo. Cuando finalmente te vimos, unas semanas después, eras un bodoquito pequeño, del tamaño de una uña de mi mano, y nos sentimos estallar de alegría al escuchar cada uno de tus latidos. Ahora esos días en que te llamábamos "carozo" parecen lejanos, pero fueron el inicio de esta, tu historia.

La gente se fue enterando e ilusionando con tu llegada: abuelos, tíos, un mundo de amigos y familiares. Pasaron controles, viajes, paseos, trabajo, y hacia la mitad del embarazo te empezaste a hacer notar cada vez más: una panza que empezaba a crecer para adaptarse a tu tamaño, una casita a tu medida donde podías nadar a gusto, sacudirte, tal vez bailar. Te hablaba, aún sin saber si me escuchabas, y te canté canciones a pesar de que no sé cantar... tan sólo buscaba demostrarte que estaba todo bien, que crecieras tranquilo, que acá te esperamos para cuando te toque llegar.
Atrás quedan los días en que no sabíamos si eras nena o varón, y lejos también las discusiones y debates por tu nombre: hoy siento que siempre supimos que te llamabas Fabrizio.

En los últimos meses fuimos arreglando todo para tu llegada, recibiendo regalitos, preparando lo que será tu ropa, tus juguetes y tu nueva casa fuera de mamá. Una casa en la que vas a recibir visitas, vas a llorar por las noches, vas a jugar con tus amigos y vas a crecer... vamos a crecer juntos los tres. 

Tenés unos papás que quieren verte crecer alegre y feliz, una familia ansiosa por conocerte y un montón de amigos con los que vas a compartir tus días. Ahora solo resta descansar, esperar, y seguir soñando, como el primer día, con todo lo que vamos a hacer juntos. 


domingo, 15 de febrero de 2015

Bajada de línea

Yo sé que lo que voy a decir acá no es nada nuevo, nada que no hayan pasado muchas mujeres y nada sobre lo que no se haya escrito ya. Pero bueno, para mi catarsis personal lo siento necesario. 

Cuando una mujer se entera que está embarazada puede vivirlo de mil maneras. No todo es felicidad absoluta. Por suerte en mi caso fue un momento de mucha alegría, que se fue incrementando a medida que pasaban las primeras semanas y todo iba bien. Mientras pasa el tiempo vamos compartiendo la noticia con más gente, y vamos ingresando en el "mundo mamis", todo aquel universo hasta ahora desconocido para algunas, que está habitado por infinidad de seres: no sólo mamás primerizas, abuelas primerizas y la propia familia, sino también médicos, comercios, publicidades, foros, libros, revistas, maestros y una infinidad de etcéteras que una no imaginaba. Todo el mundo tiene una opinión formada sobre la mejor forma de ejercer este nuevo rol de madre [todos: desde la gente en la que confiamos hasta aquellos a los que no les pedimos opinión], y muchos esperan que uno forme su propia postura acerca de todo lo que refiere al nacimiento y la crianza de nuestros hijos. ¿Qué nombre le vas a poner? ¿A qué escuela lo vas a mandar? ¿Cómo vas a manejar el sueño del bebé? ¿Cómo vas a organizarte con la lactancia? ¿Lo vas a bautizar? Muchas veces no es tan amable la pregunta, sino que se formula así: "No pensarás darle mamadera, NO?". "Que no se te ocurra dormir con el bebé". También lo he visto en amigos con hijos: ante cada acción o movimiento del niño y del padre habrá otro [un familiar, un amigo con chicos más grandes, un amigo sin hijos o un ilustre desconocido que pasó por la reunión] que va a opinar sobre la mejor forma de criarlo. "Es que vos no lo dejás hablar, y por eso no aprende". "Es que le hablás demasiado, y lo apabullás". "¿No sería hora de que empiece a caminar?" "¿Por qué no vas pensando en sacarle los pañales?" "Qué niño desapegado, seguro le falta afecto". "Qué pegote que es con la madre, seguro que quiere un hermanito". 

Uno, básicamente como todo en la vida, hace lo que puede. De acuerdo a ciertas convicciones / ideologías / creencias, pero hace lo que puede. Uno de los mejores consejos que me dieron cuando conté que estaba embarazada fue "no sigas ningún consejo". Y otro "lo más importante es la flexibilidad". Ser flexible, tener capacidad de adaptarse a una nueva situación sin jurar de por vida fidelidad a una u otra manera de criar. Estoy en contra de los fundamentalismos, no sólo los religiosos sino también los progresistas y/o naturalistas. ¿Cómo, fundamentalismo progresista? Sí, el progre suele ser tan rígido en sus posturas como el más duro de los padres autoritarios. ¿Naturalistas? Sí, el discurso que plantea que todo lo mínimamente "cultural" es dañino, como la cesárea, la incubadora, la mamadera, la niñera, el shampoo antipiojos y oh! mala palabra!, la vacunación. Como si el amor, la crianza y la familia no fueran construcciones culturales... 

Quiero creer que, aún en el medio del terremoto transformador que es la maternidad, conservaremos cierto criterio y cierta capacidad crítica para no comernos cualquier buzón que quieran vendernos respecto de la crianza. Y poder distinguir entre los buenos consejos y aquellos [la mayoría] que sólo intentan convencerte de que estás haciendo todo mal y que vas a sufrir hasta que compres, completito y sin chistar, su dogma. 

lunes, 12 de enero de 2015

La Panza

Antes de que todo gire alrededor del niño, todo gira alrededor de la panza. Que la forma, que el tamaño, que los movimientos, que cómo dormir, etc... 

El embarazo es mucho más que una panza, aunque a veces lo sienta reducido a lo que pasa "ahí". El cuerpo entero cambia, y lo hace todo el tiempo: cuando te acostumbrás a usar siempre esa remera te deja de entrar, cuando te copás con el shortcito te engordan las piernas, la cara se te infla, el pelo cambia. El niño crece y la panza también, mientras el resto de los órganos que andaban por ahí tan felices y funcionales se aplastan y alteran. Todo se transforma y hay que dejarse transformar. 
De hecho, muchas veces la panza es lo último que cambia... durante mucho tiempo parece ser tan sólo un poco de hinchazón debida al tránsito lento. En esos primeros meses, en que una se está recién haciendo a la idea de su nuevo estado (a veces a fuerza de náuseas y cansancio), la panza ni se nota: los allegados la reclaman, quieren verla, piden fotos, como si sin panza el embarazo no fuera del todo comprobable. En la calle pasás desapercibida, nadie te presta especial atención, y en el transporte público hasta da vergüenza pedir el asiento (aunque es justo el momento más peligroso del embarazo y el asiento no es sólo una cuestión de comodidad sino también de seguridad). 

En algún momento, más tarde o más temprano, la panza "aparece". O, como me pasó a mí, cobra forma de "panza de embarazada" y no "panza de rollitos - kilos de más - estreñimiento - largá los postres". Ahí pasa a ser una panza tierna, socialmente aceptada, felicitada, admirada. En el transporte público ya cobra categoría de "panza dudosa": nadie se para al grito de "sentate querida por favor", pero si lo pedís amablemente no les queda otra que dejarte el lugar. En el mundo íntimo es un momento genial... en mi caso la aparición de la panza fue antecedida por la aparición de los movimientos del bebé. Suaves, aún imperceptibles para el mundo exterior, como una pequeña cosquilla o una gelatina interna. 

Finalmente, pasada la mitad del embarazo en mi experiencia, la panza pasa a ser una Alta Panza. Indudablemente hay un bebote ahí dentro. El niño en cuestión se estira, se mueve, nada por todos lados y se choca con las paredes de su pequeña y acuática casita. A veces hasta los demás se dan cuenta. En eso estoy ahora: lo siento moverse y me cuelgo, me olvido de los problemas del mundo y del calor (sólo por unos segundos) y me quedo fascinada con la situación, con la magia que transcurrió ahí dentro y que hizo que luego de millones de años de evolución haya podido convertirme en esta casa ambulante para mi niño que incluye temperatura regulada, delivery al instante de comida, comodidad y relajación... como estar en un all inclusive del Caribe. Eso es la panza para él. 

La panza crece, se estira, duele mientras lo hace, ocupa cada vez más espacio. La cuido con cremas aunque quede toda pegoteada. La elegancia (que nunca tuve en altos niveles) se vuelve una palabra ajena. Camino como pato, o como teletubbie, o como más o menos pueda. El equilibrio se altera, la percepción del espacio también (¿el marco de esa puerta siempre fue tan pequeño?), y ya es muy difícil estar sentada con las piernas cerradas o cruzadas: hay que dejar lugar para ella, la panza que todo lo puede y todo lo ocupa. Intento pararme después de estar sentada en ese sillón bajito y escucho en mi mente la canción de Misión Imposible.
El mundo exterior, mientras tanto, se fascina con la panza. Los conocidos le hablan, la tocan y saludan al bebé. A veces los desconocidos también, aunque aún no me pasó tanto es una situación extraña. "¿Te puedo tocar la panza?" te pregunta una vendedora después de haber metido mano (y no antes). Dan ganas de responderle "Y bueno, si me hacés un descuento o un 2x1 saludalo todo lo que quieras y si querés cantale una canción". Pero esbozás una sonrisa medio falluta y la dejás... En el bondi, el que te quiere dar el asiento se levanta de un salto y el que se hace el boludo queda muy en evidencia. En la calle es muy divertido pensar qué hay tras las miradas (miradas a la panza, obvio, entonces yo puedo mirar al mirón e imaginar lo que piensan): un nene le dice a la madre "miráaaa mamáaaaaaa qué panzaaaa!!!!"; una señora con dos niños de la mano te mira como diciendo "ay querida, disfrutá ahora que no sabés la que te espera"; una piba que aunque no quiera mira con los ojos muy abiertos, claro signo de "esta mina súper embarazada y yo con un atraso que me quiero matar la puta que lo parió". Y obvio algún señor que quisiera tirar un comentario grosero sobre mis tetas pero advierte la panza y se lo guarda. 

Ahora me falta la etapa más difícil: la panza XXL. Gigante, pesada, "sin poder con mi redondez" (palabras de amiga que acaba de ser madre). Si puedo sentarme frente a la compu , les contaré cómo es. Y si no, imagínenme enorme, despatarrada en el sillón esperando a que llegue mi marido para poder pararme, y esperando a que llegue el niño, todo se transforme a altas velocidades y la panza, esta de la que les hablo, pase a ser un recuerdo inolvidable.