Hace tiempo que quiero escribir y no puedo. "Ah, pará mamádesbordada, quién sos!" No puedo porque no tengo tiempo, porque cuando me siento en la computadora Fabri se cuelga y quiere agarrar el mouse, o el teclado o todo junto, o porque cuando se duerme aprovecho para trabajar un poco, o porque cuando él mira tele y juega al lado mío me desconcentro y sólo tengo atención para mirar fotos en Facebook. Siempre mastico los posts un poco antes de escribirlos, a veces los escribo de una, pero muchas otras veces voy tirando ideas sueltas y luego les doy forma. Para este post ya tenía el título: "Claroscuro", algo así como lo blanco y lo negro de la maternidad, las cosas buenas y malas, etc. pero no me terminaba de cerrar. Me parecía muy místico, muy "lado luminoso de la vida", una onda que no es la mía. Me van pasando cosas cosas con Fabri que me hacen explotar de emoción, de amor, de ganas de comerlo a besos... y otros momentos en que quiero comérmelo crudo o que la tierra se abra y desaparecer.
Entonces una amiga que también es madre posteó algo así como que vive en una montaña rusa de emociones. Era básicamente lo mismo que yo quería escribir, pero ya lo había escrito ella (ja! siempre pasa!), lo que me da la pauta que no soy la única (mafále que no sos la única, nena, o te creés que para el resto de las mujeres la maternidad es una tarde en un spa?), decía, la única que se siente así, en un subibaja, pensando qué cosa linda esto de ser madre y al mismo tiempo la puta que lo parió quién me manda y mi hijo es lo más lindo del mundo y por favor no puedo más de los nervios y qué relajación dormir la siesta juntos y ay quiero descansar un rato más sin que nadie me joda. Robándole entonces la imagen a mi amiga pensé en la montaña rusa en su contexto, el parque de diversiones. Al lado la montaña de agua, más allá las vertiginosas sillitas voladoras, por otro rincón la vuelta al mundo y, no podía faltar, el laberinto del terror. Todo estaba ahí, en la imagen del parque de diversiones, ese lugar donde supuestamente vamos a pasarla bien aunque lo pasemos un poco mal: vértigo, miedo, náuseas, velocidad, ruido, mugre, mucho ruido, aburrimiento mientras esperamos para subir de un juego a otro. Y diversión, claro. Pequeños pero intensos, intensísimos ratos de diversión.
El aburrimiento de las cosas cotidianas como preparar una comida o cortarle las uñas; el paseo del terror cuando el niño se enchastra en la calle y pensás "no me puede estar pasando esto"; el mareo total a la hora de salir de casa y tener que buscar veintemil cosas y entretenerlo un rato así puedo salir más o menos peinada al mundo exterior; la velocidad a la que avanza cuando aprende cosas nuevas y el pánico al verlo segundos antes de que se caiga o se golpee o se agarre la mano con la puerta; el ruido insoportable de algunos juguetes musicales que le encantan; y esos intensos ratos de diversión al jugar juntos y saber que no hay juguete, dibujito o calesita que lo divierta más que un poco de cosquillas...
Nada se vive a medias. O te mata el bochorno cuando pasa algo desagradable o te agarra un intenso orgullo cuando saluda a alguien con la manito en un gesto nuevo y fantástico. O explotás de ganas de pasar sola un rato o te morís de extrañarlo cuando sale con su papá. O te sentís completamente fea, fofa, agotada o te sentís plena, capaz de competir en triatlón y de levantarte al mismísimo Di Caprio si te lo cruzás yendo al chino. En fin, todo es intenso. Y, como en la montaña rusa, sólo queda agarrarse fuerte, gritar cuando lo necesitamos, y dejarnos llevar.
Escribo porque me gusta, cuando me nace y como me sale. Escribo en papelitos, cuadernos, hojas sueltas. Y cuando puedo lo pongo acá. Los papelones suelen ser cotidianos. Y si no queda otra... mejor reirnos.
lunes, 29 de febrero de 2016
jueves, 31 de diciembre de 2015
Cómo preparar una tarta (con un gateador en la casa)
Antes de ser madre, la receta era
* Compre (o prepare ud. misma) las tapas de pascualina, la verdura, los condimentos, los huevos, el queso y un vinito blanco. No se preocupe por los gastos, la plata alcanza.
* Prenda el horno.
* Abra el vino blanco, previamente refrescado. Sírvase una copa y ponga Aspen.
* Prepare en un bowl la espinaca, el puerro, la cebolla y el ajo. Unifique con un huevo y condimente a gusto.
* Corte los pedacitos de queso y acomódelos con ternura en la base de la tarta, mientras canta una balada éxito de los años 90.
* Vierta la mezcla, emprolije, ponga la otra tapa, haga el repulgue.
* Tome otra copa de vino.
* Pinte la tapa con huevo, haga agujeritos en la misma, mande al horno.
* Salga al balcón a conversar y tomar vino. Planifique un viaje, una salida al cine o una escapada romántica de fin de semana.
* Retire del horno y disfrute.
Nueve meses después de ser madre, la receta es
* Compre todo lo más pre-hecho posible. Chequee en el supermercado el precio de los pañales y haga la cuenta a ver si conviene comprar allí o en la pañalera.
Nueve meses después de ser madre, la receta es
* Compre todo lo más pre-hecho posible. Chequee en el supermercado el precio de los pañales y haga la cuenta a ver si conviene comprar allí o en la pañalera.
* Llegue a su casa y tómese un vaso de agua, no se vaya a deshidratar, que el alerta de calor no es sólo para su hijo.
* Deje a la criatura frente al televisor. Haga una barricada en la puerta del balcón para que no salga.
* Prenda el horno.
* Refuerce la barricada.
* Deje al niño frente al televisor. Esta vez asegúrese de que haya dibujitos con colores flasheros y voces agudas. Canturree desde la cocina alguna canción infantil.
* Pique una cebolla. Asómese al comedor donde dejó a la criatura y sáquelo de arriba de la barricada. Cambiéle la remerita, que se la dejó toda con olor a cebolla.
* Deje la otra cebolla, con una es suficiente. Pique un diente de ajo.
* Asómese al comedor. El niño está entretenido, tiene tiempo.
* Tire todo en un bowl así como viene. No rehogue nada, no es necesario. Mezcle todo con un huevo. Lávese las manos, que enchastrar al pibe con huevo es un asco.
* Aplaste un pedazo de queso y viértale el relleno encima.
* No es necesario que se asome al comedor. Encontrará al niño colgado de su pollera con una mano y abriendo el tacho de basura con la otra.
* Saque al niño de ahí. Sáquele la remera que la llenó de olor a ajo. No es necesario que le ponga otra.
* Deje a la criatura frente al televisor. Haga una barricada en la puerta del balcón para que no salga.
* Prenda el horno.
* Refuerce la barricada.
* Deje al niño frente al televisor. Esta vez asegúrese de que haya dibujitos con colores flasheros y voces agudas. Canturree desde la cocina alguna canción infantil.
* Pique una cebolla. Asómese al comedor donde dejó a la criatura y sáquelo de arriba de la barricada. Cambiéle la remerita, que se la dejó toda con olor a cebolla.
* Deje la otra cebolla, con una es suficiente. Pique un diente de ajo.
* Asómese al comedor. El niño está entretenido, tiene tiempo.
* Tire todo en un bowl así como viene. No rehogue nada, no es necesario. Mezcle todo con un huevo. Lávese las manos, que enchastrar al pibe con huevo es un asco.
* Aplaste un pedazo de queso y viértale el relleno encima.
* No es necesario que se asome al comedor. Encontrará al niño colgado de su pollera con una mano y abriendo el tacho de basura con la otra.
* Saque al niño de ahí. Sáquele la remera que la llenó de olor a ajo. No es necesario que le ponga otra.
* Consiga un tupper, tacho irrompible o botella de plástico vacía para entretener al niño. No, el cuchillo con el que picó la cebolla no es opción. El palo de amasar tampoco.
* Arme otra barricada entre el niño y el horno.
* Arme otra barricada entre el niño y el horno.
* Ponga al niño en el pasillo y diviértase repulgueando la tarta mientras lo ve pasar de una punta a la otra a toda velocidad gateadora.
* Agarre al niño, llévelo al comedor, ponga el noticiero, indígnese con un nuevo decreto de Macri mientras juega con su hijo.
*Vuelva a la cocina y meta la tarta en el horno, que se olvidó de lo más importante.
* Tómese un vaso de agua. Sueñe con tirar abajo un par de paredes y cambiar el parquet por goma eva para convertir su casa en un gran departamento gateable.
* Duerma la siesta con su hijo un rato. Intente despertarse antes de que se queme la tarta.
* Retire del horno y disfrute. O algo así.* Agarre al niño, llévelo al comedor, ponga el noticiero, indígnese con un nuevo decreto de Macri mientras juega con su hijo.
*Vuelva a la cocina y meta la tarta en el horno, que se olvidó de lo más importante.
* Tómese un vaso de agua. Sueñe con tirar abajo un par de paredes y cambiar el parquet por goma eva para convertir su casa en un gran departamento gateable.
* Duerma la siesta con su hijo un rato. Intente despertarse antes de que se queme la tarta.
p.d. Si se desanima, recuerde que de a poco se acostumbrará a cocinar con un hijo movedizo en la casa. Y, quién sabe, tal vez el niñito termine en MasterChef.
lunes, 21 de diciembre de 2015
Tres trimestres
Casi 9 meses. Tres trimestres. En nuestro caso, tres estaciones del año. Hoy, 40 semanas del nacimiento. Distintas formas de medir el tiempo que Fabri lleva con nosotros. Decir que fueron nueve meses intensos y agotadores es repetirme, pero realmente son las primeras palabras que se me vienen a la cabeza.
Como dije en algún otro post, el tiempo corre distinto cuando llegan el embarazo y el bebé. Las noches se hacen largas, las siestas del bebé parecen cortas, las horas de fiebre son eternas. El balance del año que hace todo el mundo en diciembre es, para mí, el balance de los últimos nueve meses. Los primeros tres forman parte del calendario de 2015, pero son parte de otra vida. Es cierto que en ese momento todo estaba en pausa, ya no había mucho más por hacer que esperar, preparar la habitación de Fabri, hacer el curso preparto y lagartear con una panza cada vez más grande bajo el ventilador. Después, todo cobró un ritmo vertiginoso y acá estamos, arrancando el verano de nuevo, con un bebé de 10 kilos que ya empieza a gatear, a balbucear y a querer pararse. Y todo eso pasó dentro del mismo calendario.
La vida se da vuelta. Es un cliché decir que las prioridades se transforman pero es así. El recuerdo de la vida AF, Antes de Fabri, es cada vez más lejano. No es una vida ni mejor ni peor, es una vida completamente transformada, una vida actual con menos autonomía y más responsabilidades, con más desafíos y menos tiempo libre (¿qué era eso?), con menos rutina y más descubrimientos y novedades cada día. Es una vida que te saca totalmente de la "zona de confort", entrás en un territorio incierto donde casi todas las certezas se derrumban. "Cuando tenga hijos no voy a dar la teta en público" decía, o "desde chiquito a su habitación así se acostumbra" (jaja, qué ilusa). Y también es una vida donde las pequeñas cosas se disfrutan mucho más: las cosas sin hijo, como ir en el subte escuchando música o mirar un ratito de tele, y las cosas con hijo, como llevarlo a la plaza, darle un juguete nuevo o hacerlo dormir mientras le canto una canción (el último hit fue "Wake me up when september ends" de Green Day, aunque yo hubiera querido cantarle "Fall asleep before the year ends", ja!).
El otro día estaba mirando el programa del mediodía de Telefe, y no recuerdo a qué actrices estaba entrevistando Rozín. En eso les preguntó "Ustedes, ¿cuándo se sintieron mamás?" y me quedé pensando en lo mismo, como si él me lo preguntara a mí (oh, la magia de la televisión, que nos acerca a los famosos como si nuestra vida y la de ellos fuera equivalente!). En fin... me quedé pensando y se me ocurrieron las respuestas básicas: "¡cuando ví el positivo!", "¡cuando dio su primer patadita en la panza!", "¡El momento en que nació!". Pero en mi caso ninguna de estas respuestas se aplicaban. Recuerdo que en el sanatorio vino una enfermera y se refirió a mí como "mamá", algo así genérico como "¿Cómo se siente la mamá?" o "Vengo a tomarle la presión a la mamá", y mi hermana estaba emocionada: "¡Te dijeron mamá!". Pero aún así tampoco me sentí de todo mamá en ese momento. Recuerdo también una tarde de invierno, de esas grises y frías, en que cansada del encierro salí a dar una vuelta con el bebé, ya de cuatro o cinco meses, envuelto en muchas mantitas y bien abrigado con esas pilchas de plush que los hacen parecer un osito de peluche estampado. En medio del paseo él se puso a llorar muy sacado y me fui a una plaza vacía (¿quién iba a ir a la plaza en un día así?) a darle la teta. Se calmó, lo arropé y seguí paseando. Pero en ese momento me pegó el bajón, el que creí que ya se había ido, el que cada tanto vuelve: "¿Dónde quedó mi vida? "¿Por qué en esta tarde apestosa no estoy en un café leyendo un libro?" me preguntaba. Ahí me sentí mamá, pero mamá bajón. Me sentí un poco "ahora soy mamá", tal vez, el día que decidí rechazar un trabajo muy copado porque me quedaba lejos y el corazón se me desgarraba mientras el bondi buscaba abrirse paso, sin suerte, a muchísimas cuadras de casa. Y me sentí otro poco mamá el día en que, en otro trabajo nuevo, un alumno me preguntó "Profe, usted tiene hijos? Tiene cara de mamá!" (seguro que el chupamedias quería aprobar, pero ahora que lo pienso fue uno de los pocos pibes que terminó en diciembre).
Volviendo a la pregunta de Rozín, creo que me "sentí mamá" en ese mismo momento en que miraba la tele, donde mientras Fabri jugaba en el piso con sus chiches me quedé masticando esa duda en la pregunta que él le hacía a las actrices... y la respuesta la encontré ahí, en la rutina compartida, en pasar tiempo juntos, en cambiarlo, cuidarlo, alimentarlo pero también en mirar juntos la tele, en contarle cosas aunque no sé si las entiende, en salir de paseo con él a pesar de las dificultades logísticas, en hacerle cosquillas y en llorar de emoción cuando gatea por primera vez (y pegar un salto porque con el gateo encara directo para el ventilador). Digamos, encontré la respuesta en estos nueve meses, en ir habitando el mundo de una forma distinta, novedosa, transformada... En fin, seguro que si hubiera estado en esa mesa siendo entrevistada Rozín me habría dicho "andá redondeando piba, que arranca el noticiero y salimos del aire", pero este es mi blog y me extiendo todo lo que quiero :D
Nueve meses, tres trimestres, cuarenta semanas, el tiempo que llevamos juntos con nuestro hijo en casa, fuera de la panza, aprendiendo día a día de qué se trata todo esto. Y así se va 2015, el año en que nació nuestro hijo.
miércoles, 11 de noviembre de 2015
Una madre siempre sabe
Una madre siempre sabe
Hace mucho tiempo, una era atrás, antes de Fabri, antes de siquiera pensar en tener hijos, ya me molestaba el modelo publicitario de mamá. No sólo el de mujer siempre divina, siempre preocupada por la estética y la limpieza, sino en especial el de las madres: las madres publicitarias, las madres que además de estar siempre divinas y siempre preocupadas por la estética y la limpieza están preocupadas por sus hijos, sus tesoritos, sus milagritos, y dan todo por ellos. Una publicidad de algo así como un yogur o un jugo o alguna galletita cerraba con la frase "Una madre siempre sabe". Las madres saben todo, saben lo que quieren sus hijos, saben qué es lo mejor para ellos y obviamente saben dónde comprarlo al mejor precio. Las madres nunca se enferman (si lo hacen, aquí hay una droga para que puedan seguir siendo mamis productivas, o trabajadores productivos), las madres están neuróticas por la limpieza (si una mujer "es" neurótica, una mami lo es más, porque no sea cosa que los hijos se enfermen con *voz terrorífica* GERRRRMENES), o de última algunas otras madres más copadas dejan que sus hijos se ensucien porque la ropa quedará impecable (pero obvio, porque ensuciarse hace bien, entonces de fondo siempre es lo mismo, nos preocupamos por ellos y sólo por ellos).
Y luego llegó la era Después de Fabri, y si antes me había molestado eso de "una madre siempre sabe", luego fue peor. Se nos vende desde pequeñas que ante el nacimiento y la maternidad nos inunda un torrente de amor infinito y nos iluminamos con una sabiduría ante lo que nos espera. Nada que ver. Lo del torrente de amor puede que ocurra o puede que no... lo más probable es que ese amor se vaya despertando de a poco, y porque estamos dispuestas a que ese amor despierte (porque tenemos ganas, porque lo esperamos, porque lo soñamos a veces nueve meses, a veces menos y a veces más). Día a día nos encontramos con noticias horripilantes de niños abandonados, que son el extremo opuesto, que nos muestran que una madre no siempre ama. Y una madre no siempre sabe... la mayoría de las veces sabe muy poco. Pero en general está dispuesta a aprender.
Hay muchas personas que nos van enseñando cosas, muchas a las que les hacemos menos caso de lo que quisieran, y muchas que quieren enseñarte de prepo dando consejos que no pedimos. Está bueno asumir nuestra ignorancia, saber reconocer los límites y decir "che, vos que tenés un pibe, ¿cómo hiciste esto / aquello?". No necesariamente todas las madres son nuestras aliadas. No todas pensamos igual ni actuamos del mismo modo, porque básicamente y por suerte somos todas distintas. Hay muchas "escuelas de pensamiento" en el mundo maternal y cada quien sigue la que quiere, la que puede o la que más o menos le sale (o una mezcla de todas ellas). Lo mismo ocurre con los pediatras, ya que no todos piensan igual ni el pediatra al que vamos piensa 100% igual a nosotros. Y lo mismo con las madres de otras generaciones, madres de la familia, suegras, tías, abuelas, madres de amigas... las escuchamos, tomamos algunas cosas, descartamos otras, cuestionamos las formas de crianza antiguas y buscamos la nuestra; está en cada una armarse de personas de apoyo ya que no podemos solas. No nacemos sabiendo, no nos inunda la sabiduría en la sala de parto, y vamos aprendiendo de a poco, entre todas, con otras generaciones, con la nuestra, con otras co-madres, las que elegimos o las que tenemos a mano.
Si el mundo publicitario es un mundo de fantasías, la fantasía más grande es esa, "una madre siempre sabe". ¿Por qué sabe? ¿Porque le viene en los genes? ¿Porque le corresponde? ¿O lo que sabe la madre es porque mal que mal lo fue aprendiendo? ¿De quienes aprendemos?
En fin, en eso estamos... aprendiendo todos los días una tonelada de cosas nuevas, para ejercer sin pausa este nuevo rol.
martes, 22 de septiembre de 2015
Chaac me habló al oído
Me tomo un recreo bloggero de los posts de maternidad para recuperar una anécdota de un viaje que hice hace ya ocho años. Es simpático hacer arqueología de mails y encontrarme con mi yo de hace ocho años, ver que aparecen cosas que no recordaba y otras que siento como si hubieran pasado ayer.
Hace ocho años estaba recorriendo México en un viaje turístico. Mi primer viaje sola fuera del país, nunca había viajado tan lejos ni tanto tiempo. Parte del paseo fue con un tour contratado, arrancando por Ciudad de México y bajando por Puebla, Oaxaca, Chiapas, subiendo por Campeche y Mérida hasta llegar a Cancún. Alto viaje. Luego me quedé sola, por mi cuenta, allí en Cancún y cerré el paseo con una semana más en el DF. El 21 de septiembre me encontró yendo a Chichén Itzá a ver el equinoccio. Por aquel entonces no tenía blog y aún le desconfiaba al Facebook así que llevé mi diario de viaje por mail. Encontré el mail que escribí ese día, al regresar del paseo. Acá lo comparto (lo refrito, más bien):
Hola a todos!! Feliz primavera!!
Bueno, este mail no va a ser tan jocoso como los otros porque hoy
el día no estuvo tan bueno. Pero bueno, el diario del viaje es así, y
era trampa si contaba solo los días buenos.
Desde ayer estuve en Cancún buscando una excursión o micro o algo
que me lleve nuevamente a Chichén ítzá hoy o mañana, para ver el
fenómeno del equinoccio de otoño. (como buen equinoccio, sólo sucede dos
veces al año y hoy era el día indicado, aunque otros rumores decían que
se veía mejor mañana 22,bueno... nadie informaba nada). Ayer a última
hora conseguí una excursión para hoy 21/9. Allí fui.
Antes de llegar a la zona arqueológica fuimos nuevamente al cenote
donde estuve anteayer. --> Este es el cenote
Estar dos veces en un lugar así de ensueño, es
increíble. pero más increíble es la cantidad de gente que había hoy. Y en
ese mar de gente y de micros y de "no te subas a otro micro" y "no
llegues tarde que te dejamos" y etc... perdí la cámara de fotos con
memoria y las 600 fotos del viaje y todo. --> Este episodio lo cuento acá.
Intenté recuperarla, llamé al
lugar, pregunté, pero nada... Así que sólo tengo las 2 fotos que les
mandé, las que me sacaron mis amigos de Santa Fe y las que sacaré desde
ahora con la antigua y poco propensa a robos y hurtos cámara de rollo.
(sí sí, esas donde no se ve al toque lo que uno saca).
Con mi bronca a cuestas una chica española se me acercó y me dijo
que ella mesacaría fotos en Chichén itzá y me las mandaba por mail. Al
menos para darme un consuelo... --> Spoiler alert: nunca jamás me las mandó y le perdí el rastro :-(
Rumbo al equinoccio. Como yo ya había visto la excursión me separé
del grupo y recorrí por mi cuenta. El evento empezaba a "insinuarse" a
las 15.00 pero se veía bien desde las 16.00 a las 16.45. (un juego de
sombras hace que se forme la imagen de la serpiente emplumada bajando
por la pirámide principal, busquen videos en youtube que aparecen). --> Acá encontré uno
Me
senté con toda la loca energía, la gente vestida de blanco, todos
ansiosos esperando el evento... hasta que a las 15.55, cuando apenas un
pequeño triangulito apareció en la pirámide, PLAAAAAAAM lluvia
torrencial. Pero torrencial posta eh!! Yo pensaba "bueno, es un chubasco
que pasa pronto" pero no... estampida general hacia la salida. Y cuando
estaba ahí yendo al centro de informes bajo techo PLAAAAAAAAAAAAAM otra vez: cayó un rayo. Ahí, al toque. Ví
la explosión, el fogonazo, el ruido, hasta se nos pusieron los pelos de
gallina por el cagazo y por la estática. La gente corría, pensaron que
había sido un atentado (hubo uno en Morelia hace una semana, en los
festejos del día de la independencia). Nada lindo. Ahí me olvidé de la
cámara y de todo y dije "puf, bueno, lo mío no fue tan grave". Hubo
algunos heridos, por suerte dicen que nada más que heridos, y mucha
gente nerviosa. Aquí la primer noticia que encontré: http://www.eluniversal.com.mx/ notas/540209.html
Chaac es el dios de la lluvia. Y pa mi que a los dioses de esta
zona no les gustan los turistas. Ya que a las 5 de la tarde, cuando el
fenómeno había pasado... dejó de llover. No sé si salió el sol, pero
dejó de llover un rato. Y todavía asustados por el cagazo del rayo,
emprendimos el regreso.
Bueno, conclusión, un día de bajón total. Pero como siempre que
llovió paró, mañana me voy a Tulum y me asolearé en playas ancestrales.
Ya estoy extrañando algunas argentinidades básicas. el mate, más que
nada. Quiero mate!!!!! Y bizcochitos! las cosas dulces por aquí no son
muy ricas. ¿volvio peter capusotto? quiero comer milangas cuando
vuelva.
Ah! ayer estuvo Maradona aquí en Cancún con su showbol!!!!!! me enteré hoy, cuando lo ví en la tapa del diario cancunense. Ja!
Estoy agotada así que me voy a torrar, esperando tener mejores noticias mañana.
Abrazo grande a todos!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
lunes, 14 de septiembre de 2015
Cansancio
Tengo las ideas para este post dando vueltas por la cabeza hace tiempo... pero estaba demasiado cansada como para sentarme a escribir.
Muchos hablan de que al ser madre una siente un amor nunca sentido antes en la vida. Tal vez el amor maternal sea algo cualitativamente distinto de todo lo conocido, pero para mí lo más desconocido fue el cansancio. Puedo afirmar con certeza que nunca había sentido este nivel de cansancio en mi vida. Pasé horas estudiando, estudiando y trabajando, haciendo tareas del hogar, viajando mucho y durmiendo poco, madrugando, mudándome, haciendo deporte. Esto es totalmente nuevo.
Ya en el embarazo el cansancio fue uno de los primeros síntomas. Antes de las náuseas, de los dolores pélvicos, mucho antes de las contracciones, lo que sentía era un cansancio total. Como un apunamiento. Había una fuerza en el sillón que me atrapaba hacia abajo, y otra proveniente desde el techo que me empujaba y no me permitía levantarme. Las primeras semanas fueron de aniquilación total. Nunca pensé que fabricar un humanito podía ser tan agotador, aún haciendo "nada" desde un punto de vista "productivo", sin limpiar la casa, laburando poco, descansando mucho.
Ni que hablar del día que nació. El cansancio que sentí tapaba cualquier otro sentimiento. Por suerte de a poco fue pasando y cediendo para cosas más lindas.
Y luego... el día a día. El día a día con un bebé que demanda el 200% de nuestra energía física y mental de una. Dar la teta. Dormir entrecortado. Hacer cosas. Porque muchos te dicen "cuando el bebé duerme vos dormís". Pero también hay que tener ropa limpia (para él y para una), cocinar (no se puede vivir a delivery), cambiar las sábanas, comprar los pañales (y al principio hacer cinco cuadras hasta la pañalera y volver se siente como correr una maratón)... En muchos casos una aprovecha que el pibe se durmió para hacer todo eso. Y adiós "cuando el bebé duerme vos dormís". Además, no siempre tenemos sueño al mismo tiempo que el niño. Y por último, necesitamos un poco de ese ratito de silencio cuando está dormido para hacernos un té, buscar algo rico para comer y tirarnos en el sillón a mirar una novela (o al menos diez minutos de una novela).
No es que los bebés no duerman. Duermen, bastante. Pero en sus propios horarios. Cuando quieren. Entrecortado. Tres horas y teta. Dos horas y pañal. Siestita de 20 minutos (alcanza para poner el lavarropas, lavar los platos, poner agua para unos mates y listo). En los primeros días llegué a llorar de sueño, pidiéndole a mi marido que me abrace y sollozando "tengo miedo de que no se duerma nunca más". En algún momento él, mi hermana o mi mamá se ocupaban de hacerle upa al niño y dejarme dormir. Gracias, gracias por esas gloriosas dos horitas extras que me regalaban. No por nada dicen que los padres hacemos lo que sea, creemos en el dios que sea o en el consejo que sea con tal de dormir un rato más. El cansancio te gana, literalmente.
Tal vez los bepis se duerman dando un paseo, pero durante ese paseo nosotras tenemos que estar despiertas, ya sea para manejar el auto, para indicarle al tachero que no se mande por cualquier lado o para empujar el carrito, que no llegaremos solos desde la plaza hasta nuestro hogar. Por suerte al pasear el carrito la gente mira a los bebés y no a nosotras... si no seguro se asustarían de nuestras caras de zombis. Dicen que en algún momento se regulariza. Ya veremos.
El bebé crece. El mío ya tiene cinco meses. Duerme más de noche y alguna siesta de día. Como yo empecé a trabajar fuera de casa se fueron adecuando sus horarios, se levanta temprano y se duerme temprano. ¿Ocho horas de corrido? Naaaaah, olvídense. Al estar más grande, a las tareas de siempre se agregan nuevas: estar sentada con él en el piso (todo bien, pero qué difícil es pararse), hacerle upa (cada vez pesa más), jugar, cantar, saltar. Y eso que todavía no arrancó a comer. Ni a caminar. Ni a... bueno... eso... mejor no pensar todo lo que se viene.
Al principio describí este cansancio como un cansancio sin estrés, sin la locura de lidiar con un jefe desquiciado o con un viaje en tren en hora pico. Es un cansancio distinto, que te tira en la cama apenas te acostás. Lo desesperante es nunca saber qué clase de noche te va a tocar: si dormirá mucho, si será dormir-tetear-seguirdurmiendo, si se despertará llorando como un sacado, si al despertarse a las 4 am lo hará con ganas de jugar, si a las 4.30 tendrá un episodio de [inserte enfermedad infantil aquí] y te desvelarás... cada noche puede ser una gran aventura. Un día te despertás, mirás el reloj, ves que son las 6, recordás que la última vez que se levantó eran las 23 y te dan ganas de salir a gritar al balcón en piyama SIIIIIIIIIIIIIII, HOY DORMIMOS!!!!!!!!!!!!!!!
Lo más lindo, definitivamente, es tener la suerte que tuve yo recién: abrazarlo, que caiga palmado y dormir una hermosa siesta con él, con un aire suave entrando por la ventana y obviando los ruidos del mundo exterior. Una siesta, eso que me permitió llegar hasta las 17 hs sin agotarme.
Muchos hablan de que al ser madre una siente un amor nunca sentido antes en la vida. Tal vez el amor maternal sea algo cualitativamente distinto de todo lo conocido, pero para mí lo más desconocido fue el cansancio. Puedo afirmar con certeza que nunca había sentido este nivel de cansancio en mi vida. Pasé horas estudiando, estudiando y trabajando, haciendo tareas del hogar, viajando mucho y durmiendo poco, madrugando, mudándome, haciendo deporte. Esto es totalmente nuevo.
Ya en el embarazo el cansancio fue uno de los primeros síntomas. Antes de las náuseas, de los dolores pélvicos, mucho antes de las contracciones, lo que sentía era un cansancio total. Como un apunamiento. Había una fuerza en el sillón que me atrapaba hacia abajo, y otra proveniente desde el techo que me empujaba y no me permitía levantarme. Las primeras semanas fueron de aniquilación total. Nunca pensé que fabricar un humanito podía ser tan agotador, aún haciendo "nada" desde un punto de vista "productivo", sin limpiar la casa, laburando poco, descansando mucho.
Ni que hablar del día que nació. El cansancio que sentí tapaba cualquier otro sentimiento. Por suerte de a poco fue pasando y cediendo para cosas más lindas.
Y luego... el día a día. El día a día con un bebé que demanda el 200% de nuestra energía física y mental de una. Dar la teta. Dormir entrecortado. Hacer cosas. Porque muchos te dicen "cuando el bebé duerme vos dormís". Pero también hay que tener ropa limpia (para él y para una), cocinar (no se puede vivir a delivery), cambiar las sábanas, comprar los pañales (y al principio hacer cinco cuadras hasta la pañalera y volver se siente como correr una maratón)... En muchos casos una aprovecha que el pibe se durmió para hacer todo eso. Y adiós "cuando el bebé duerme vos dormís". Además, no siempre tenemos sueño al mismo tiempo que el niño. Y por último, necesitamos un poco de ese ratito de silencio cuando está dormido para hacernos un té, buscar algo rico para comer y tirarnos en el sillón a mirar una novela (o al menos diez minutos de una novela).
No es que los bebés no duerman. Duermen, bastante. Pero en sus propios horarios. Cuando quieren. Entrecortado. Tres horas y teta. Dos horas y pañal. Siestita de 20 minutos (alcanza para poner el lavarropas, lavar los platos, poner agua para unos mates y listo). En los primeros días llegué a llorar de sueño, pidiéndole a mi marido que me abrace y sollozando "tengo miedo de que no se duerma nunca más". En algún momento él, mi hermana o mi mamá se ocupaban de hacerle upa al niño y dejarme dormir. Gracias, gracias por esas gloriosas dos horitas extras que me regalaban. No por nada dicen que los padres hacemos lo que sea, creemos en el dios que sea o en el consejo que sea con tal de dormir un rato más. El cansancio te gana, literalmente.
Tal vez los bepis se duerman dando un paseo, pero durante ese paseo nosotras tenemos que estar despiertas, ya sea para manejar el auto, para indicarle al tachero que no se mande por cualquier lado o para empujar el carrito, que no llegaremos solos desde la plaza hasta nuestro hogar. Por suerte al pasear el carrito la gente mira a los bebés y no a nosotras... si no seguro se asustarían de nuestras caras de zombis. Dicen que en algún momento se regulariza. Ya veremos.
El bebé crece. El mío ya tiene cinco meses. Duerme más de noche y alguna siesta de día. Como yo empecé a trabajar fuera de casa se fueron adecuando sus horarios, se levanta temprano y se duerme temprano. ¿Ocho horas de corrido? Naaaaah, olvídense. Al estar más grande, a las tareas de siempre se agregan nuevas: estar sentada con él en el piso (todo bien, pero qué difícil es pararse), hacerle upa (cada vez pesa más), jugar, cantar, saltar. Y eso que todavía no arrancó a comer. Ni a caminar. Ni a... bueno... eso... mejor no pensar todo lo que se viene.
Al principio describí este cansancio como un cansancio sin estrés, sin la locura de lidiar con un jefe desquiciado o con un viaje en tren en hora pico. Es un cansancio distinto, que te tira en la cama apenas te acostás. Lo desesperante es nunca saber qué clase de noche te va a tocar: si dormirá mucho, si será dormir-tetear-seguirdurmiendo, si se despertará llorando como un sacado, si al despertarse a las 4 am lo hará con ganas de jugar, si a las 4.30 tendrá un episodio de [inserte enfermedad infantil aquí] y te desvelarás... cada noche puede ser una gran aventura. Un día te despertás, mirás el reloj, ves que son las 6, recordás que la última vez que se levantó eran las 23 y te dan ganas de salir a gritar al balcón en piyama SIIIIIIIIIIIIIII, HOY DORMIMOS!!!!!!!!!!!!!!!
Lo más lindo, definitivamente, es tener la suerte que tuve yo recién: abrazarlo, que caiga palmado y dormir una hermosa siesta con él, con un aire suave entrando por la ventana y obviando los ruidos del mundo exterior. Una siesta, eso que me permitió llegar hasta las 17 hs sin agotarme.
viernes, 7 de agosto de 2015
Lactancia
Estamos en la Semana Mundial de la Lactancia Materna. Entiendo que en medicina suelen usarse los "días de", "semanas de" y "meses de" no para hacer regalitos al que tiene esa enfermedad o hace esa práctica (ufa!) sino para desarrollar campañas de salud pública, difusión, concientización, etc. Bueno, yo no soy quien para concientizar a nadie ni hacer divulgación científica sobre algo que no conozco más que por mi experiencia. Simplemente la fecha me pareció buena excusa para volcar algunas ideas sobre esto de dar la teta. [Para ver con humor el lado masculino del asunto recomiendo este video de Ser Padre Es Medio Una Poronga]
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Como ya conté acá, dar la teta puede ser bastante asqueroso. Mientras el niño toma de una la otra chorrea, o tal vez se le desborde por los costados de la boca, o tal vez él duerme plácidamente pero una, en lugar de dormir feliz ("aprovechá para descansar cuando el bebé duerme", sí, claro), tiene que sacarse leche para evitar dolores o inflamaciones o desbordes... Y como ya conté acá, lograr dar la teta con relativa facilidad (en vocabulario técnico: instalar la lactancia) es un trabajo a veces arduo y que requiere compañía y ayuda. No es fácil, pero nadie te lo dice. Lograr la comodidad y tener cancha para amamantar requiere de trabajo, esfuerzo y ganas. Esas ganas que muchas veces son auténticas pero muchas otras están influenciadas por el discurso omnipresente de dar-la-teta-es-lo-mejor-del-mundo. No niego que la lactancia materna tenga muchísimos beneficios, no soy nadie para explicarlos o repetirlos, pero es cierto que una se siente muy abrumada y que el dar-la-teta-es-fundamental-para-su-futuro-empezá-ya puede ser más abrumador todavía. Por eso mismo y recordando mis primeros días comparto lo que aprendí: paciencia, mucha paciencia de una para consigo misma y para con su hijo, y paciencia de los demás para con una.
Aprovecho para dejar un saludito para las puericultoras de la Suizo Argentina que me tuvieron toda la paciencia y más. Son unas genias.
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Una vez que está instalada la lactancia (fua! qué vocabulario que manejo) la teta y lo que hacemos con ella se vuelve un asunto público. Una vez me encontré conversando con un señor mayor en el bondi sobre si le doy el pecho o no, si además le doy mamadera, si me saco leche con el sacaleche, cuánto tiempo tomaron el pecho sus hijos, si su nuera da el pecho o la mamadera (porque los señores dicen "el pecho", no "la teta") ... ¡Estoy hablando de MIS tetas con un desconocido! Jamás lo habría imaginado.
A medida que adquirimos práctica vamos acostumbrándonos a alimentar al bebé en cualquier lado. En el taxi, por ejemplo, con la campera y la mochilita y el bolso y dando indicaciones al tachero por qué calle ir (¡Señor! ¡Estamos en Flores! ¡Esta no es Av. Corrientes!). O sentada en el pilar de un farolito en la calle, intentando taparme un poco para que el trapito de la cuadra no mire. O en un restaurante, pero eso me da cosa, porque a ver si todavía el bebé vomita y bueno, será natural y todo pero es un asco.
Lo más loco que me pasó fue en mi primer teteada en el espacio público, en la puerta del Recoleta Mall. Me acomodé con el bebé, me senté en un banco de plaza y mientras mi marido compraba algo yo me quedé ahí, teteando. Un flaco que hacía la fila para sacar entradas para el Bafici se acercó, se sentó detrás mío al lado de un árbol, y me empezó a mirar. Me dio miedo que quisiera afanarme, y habría podido hacerlo: yo con el pibe prendido y aún con los puntos y los dolores no podía moverme mucho. Pero no... así como quien no quiere la cosa apuntó con su celular para donde yo estaba y clic. Habrá sacado un par de fotos y se fue, lo más pancho. ¿Las habrá subido a Instagram? ¿Le habrá parecido tierno, cool, un horror? Sea como sea me sentí incómoda. La posibilidad de sacarle fotos a cualquiera en cualquier lado es algo que no me gusta de la modernidad 2.0. Una no tetea en público por exhibicionista ni por polémica! ¡El pibe tiene hambre, qué andás sacando fotos!?
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Antes de que naciera mi hijo leí esta nota de Revista Anfibia. Lo que más me gustó fue esta frase hablando sobre los primeros días como madre y como amamantadora: "aterrizas, torpe, en un universo que sospechas, pero desconoces, y sólo cuando estás ahí, envuelto en una nube espesa de preguntas, empiezas a dudar de tu capacidad para encontrar las respuestas." En una madrugada de desvelo y recordando ese escrito me puse a tomar notas. (A pesar del cansancio, también hay desvelos. Otra vez, "dormí cuando el bebé duerme" no siempre funciona). Algo me hacía ruido. Ahí estábamos, Fabri y yo, tres meses de lactancia exclusiva (pero con pezoneras) luego de unos primeros días de jeringuitas y leche de fórmula. Pero algo me hacía ruido. "¿No podés dar sin pezonera?" me decían. "No, no agarra". "¿Pero no intentaste sacárselas?" "No sé, no sé si quiero, con esto se prende, ya no quiero ponerme más presiones, si le sirve así buenísimo". Las pezoneras son súper útiles, pero son un rompedero de pelotas (o habría que decir "un hinchadero de mamas"?): hay que limpiarlas bien, hay que tener una a mano cada vez que él quiere comer, no tengo que olvidarmelas. Recuerdo una de las primeras visitas a la casa de mis viejos con el bebé. Me olvidé las pezoneras. Me dí cuenta cuando el bebé lloraba y tenía hambre (La peor pesadilla: ¡soy una mala madre!). Mi mamá y la vecina fueron rajando a la farmacia, compraron unas y santo remedio. Rompen las pelotas, pero alimentan a mi hijo. Así que basta. Aguanten las pezoneras.
Un tiempo después, él mismo me la saca y se prende solito. Chau pezoneras. Gracias por los servicios prestados. Pero algo me sigue haciendo ruido. Cuando digo que vamos cuatro meses de lactancia exclusiva (y sin pezoneras!) me felicitan. Y ahí está... eso me molesta. Pensar en lactancia en términos de "éxito". Dar la teta y no caer en la tentación de la mamadera, y no quedarnos sin leche, y no bajar los brazos cuando empezamos a trabajar, es considerado "lactancia exitosa". Me molesta porque la contracara de eso es el fracaso... y el temor al fracaso. Siguiendo esta línea, fracasar en la lactancia es fracasar en lo más importante que tenemos para darle a nuestro hijo. Como si las mamás no tuvieramos suficientes temores o inseguridades. Lo peor es que esto nos lleva a pensarnos más exitosas (o sea: mejores) que esas que por equis motivo no dan la teta, o dan la teta y la mamadera. En lugar de apoyarnos entre "mamis" desconfiamos de las otras (como esa publicidad de aerosol antibacterial donde una mami desconfía de otra que deja que su hijo se ensucie y toque todo). Cada una hace lo que puede. Está bueno darnos ánimos y consejos en lugar de juzgar al otro, colaborar en vez de competir, rodearnos de gente que nos apoye y acompañe y tratar de que el resto nos resbale un poco. Llámenme idealista pero en un mundo tan competitivo no quiero que la crianza de mi hijo también sea una competencia.
Tal vez peque de optimista o de ingenua. Pero si hay algo que me hace ruido, que me molesta, es cuando los demás opinan sobre la vida de uno, cuando creen hacerlo desde una posición de autoridad y lo hacen con condescendencia, cuando consideran que su forma de ser es la mejor y la única. Y más aún, cuando ese discurso está dirigido a las mamás (y un poco menos a los papás). Todos creen tener LA POSTA de cómo criar a los hijos... en especial a los hijos ajenos, claro está.
Deseo que la lactancia a demanda no signifique "a costa de la vida de la madre", que demos la teta porque nos gusta, no porque "hay que" dar la teta y entonces andamos entristecidas y agotadas pero "exitosas" lactantemente hablando. Que no necesitemos andar explicando cómo alimentamos y cómo criamos a nuestros hijos.
Como comenté en mi Facebook parafraseando a un texto que andaba circulando por ahí, doy la teta porque está buenísimo, porque me sale, y porque me mata de amor cuando la busca con su mano o con su nariz, o cuando la suelta, me mira, se mata de risa y sigue tomando. Porque como todo, es una etapa que pasará y que espero disfrutar lo más posible. ¿Cuándo dejaré de darle teta? No tengo idea. Ya veremos, sobre la marcha, como todo.
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