lunes, 8 de septiembre de 2014

México DF, día 6: Zócalo y alrededores

Bueno, hoy enfrenté mi primer domingo sola en DF. Pude dormir bien a pesar de la fiesta que había al lado, y me desperté con cuetazos y petardos que retumbaban por el barrio. Decidí tomarme la mañana tranqui y salir tipo mediodía, el día estaba lindo. Cuando me voy a bañar... taráaan: no sale agua caliente. Llamo a la dueña, la espero un rato largo porque no estaba, viene, prende el termotanque, me dice que espere otro rato, nada... ducha veloz con agua tibia. Y esperemos que mañana vengan a recargar el gas, por favor. Así que la mañana se fue en "hacer tiempo" mirando series hasta que pude salir maomeno decente y limpita. Y leyendo comentarios en Twitter de amigos argentos que preparaban asados y sintiendo que extraño un poco. 

Salgo de casa tipo dos de la tarde rumbo al centro histórico, no puede ser que lleve casi una semana aquí y no haya ido al Zócalo. "Total al ser domingo seguro está tranqui". ERROR. El primer tramo de metro anduvo bien, pero el segundo... madre mía. Hasta las manos de gente. Por suerte eran pocas estaciones. Salgo en la estación "Zócalo" y finalmente, ahí está: la plaza, el Palacio Nacional, la Catedral y la mega-archi-gigante bandera flameando orgullosa. Y un mar de gente en los alrededores de la plaza. ¿Los alrededores? Sí: el Zócalo está cerrado al público. Sólo se puede caminar por las calles adyacentes y por un pequeño pasillo entre las rejas y los autos. Esto se debe a que cerraron el Zócalo hace unos días para el "informe de gobierno" del presidente (hubo escándalo porque se usó la plaza como estacionamiento VIP), y seguirá así durante los festejos de la semana patria (siendo el domingo próximo, 15/9, el momento culminante, y con un desfile militar al día siguiente, feriado). Acá pueden leer algo de los festejos que se vienen. Ya les contaré de primera mano. 

Por este motivo, el festejo patrio ya se siente en el aire. Si en Coyoacán ya lo había visto, en el Zócalo está multiplicado: los puestos de venta de "mex-chandising" están que arden. Se venden banderas tricolores de todos los tamaños, vinchas, gorros, gorritos, gorrazos, hebillas, muñecos, pelucas, accesorios, cornetas, uñas y pestañas postizas. DE TODO. Algo me voy a comprar para cuando llegue el momento, por supuesto. Además de estos puestos, los alrededores del Zócalo están llenos de vendedores ambulantes de todo lo que se les ocurra, y de personajes vestidos estilo indígena bailando y haciendo limpiezas con inciensos y copal. Imaginen además que muchas calles están cerradas al público, así que los vendedores se amontonan en los pocos lugares donde circulan peatones. Y anuncian aquello que venden a los gritos. Literalmente. Primero es pintoresco, luego es un infierno.

Al Palacio Nacional, donde están los más famosos murales de Diego Rivera, no se puede pasar (calculo que por todo esto de las celebraciones). Y al Templo Mayor y su museo, que están al costado de la Catedral, llegué tarde: cerraba a las 17 hs. Llegué 17.10. Puede fallar. Eso me pasa por ir a tomar la merienda antes de retomar el paseo. Sí pude entrar y recorrer la Catedral, aunque sólo una parte porque el resto era exclusivo para fieles que van a misa. Caminé algunas cuadras muy bonitas y busqué ciertos puntos de interés, pero al haber tantas calles cerradas el centro histórico era un laberinto. Lo bueno de estar en la ciudad por un período más largo es que puedo volver más adelante, cuando la circulación en la zona se haya regularizado. Sumamos otro I'll be back a la lista. 

Me pegó un poco la nostalgia. Es que hace casi seis años estuve en el Zócalo, recorriendo los mismos lugares, viendo la decoración de la semana patria (de noche, todo iluminado) y comenzando una aventura de tres semanas recorriendo el país. Recordé hasta los lugares donde me había sacado fotos, las que luego perdí al perder la cámara (como cuento acá) y no tener backup, pero que perduran en mi memoria. Pensé en todo lo que me pasó entre aquel viaje y este, y en lo increíble que es volver a estar acá bajo circunstancias totalmente nuevas. 

Así, metida en esos pensamientos, bajé al metro para regresar a casa. Uffffff. El romanticismo se termina enseguida, cuando uno tiene que apretujarse en un vagón para volver (¡es domingo gente! por favor!). Por suerte el segundo tramo es tranquilo y no termino tan cansada como ayer.

Aunque el post se haga largo, quiero dejar como epílogo del día mi cena. Desde ayer estaba con ganas de comer pastas pero me terminé conformando con un sanguchito. Hoy me dirigí a un restorán argentino que hay en el centro comercial, luego de averiguar los horarios y ver que los precios eran pagables. Así que a la nochecita temprano (cuando aún hay gente en la calle y negocios abiertos) me mandé. Es un lugar muy lindo y con buena atención, tienen el logo de Quilmes por todas partes y una camiseta de River enmarcada en la pared. Pedí mi deseado plato de pastas (el asado sí es caro) y bueno, a mirar la tele. Pasaban por ESPN... un partido de la NFL. Fútbol Americano señores. Años de mirar películas y series yanquis para seguir sin comprender ese deporte (sé que hay que correr, porque eso hacía Forrest Gump, y que los lindos y populares de las escuelas son los "quarterbacks" o mariscales de campo). Logro entender que los Denver Broncos le ganan a los de Indiana, y que el quarterbacks de Indiana es alto churro. Al lado mío hay dos mexicanos que miran el partido con una birra mientras las mujeres compran en el shopping. En un momento el flaco celebra algo, pero parece que los jueces lo anulan (déja vu al no-gol de Higuaín en la final, lloro). Acá se aplica una especie de telebim y finalmente dan por válido el punto de Indiana, que igual pierde por paliza. En fin, muy argento el lugar pero muy yanqui el deporte, si quiero entretenerme los domingos a la noche tendré que aprender las reglas del fútbol americano. Y luego haré una lista de "churros NFL", eso si es que logro distinguir alguna cara debajo de esos cascos horribles que se ponen. 






sábado, 6 de septiembre de 2014

México DF, Día 5: sábado en Coyoacán



Creo que hoy me pegó el apunamiento (o altiplanamiento, no sé cómo se dirá acá). Hace calor, está un poco pesado y con el paseo del día me re cansé. Los truenos recién están arrancando a las 6 de la tarde y yo ya pienso en cenar e irme a dormir. 


No postié (¿o posteé?) sobre el Día #4 porque no fue muy atrapante para el público lector: estuve en unas Jornadas Académicas bastante buenas, obvio hubo algunas exposiciones más entretenidas que otras. Lo que me llamó la atención fue que hicieron un break para el almuerzo súper largo: 3 horas!! ¿Hay necesidad, siendo que no hay espacio en el instituto para dormir la siesta? 
Al regreso de la jornada caminé un poco cerca de casa hasta encontrar una taquería, me costó porque las aglomeraciones de gente eran en cafés (era la hora del café, no la hora del taco, pero bueno, hace hambre). Ah, y realicé una importante inversión: me compré un paraguas. Obvio que lo compré y dejó de llover. 
A la mañana me intenté comprar una "lapicera", "birome" o "bolígrafo" pero no me entendían. Señalé con el dedo "dame una de esas, ¿cómo se llama?". "Pluma". Tomen nota. Con una pluma.

Hoy sábado, primer día libre, lo tomé tranqui. Me levanté sin despertador (aunque mi pequeña criaturita se ocupa de despertarme temprano igual, generandome hambre o ganas de ir al baño en horarios locos), desayuné y salí de paseo. Día de sol: no olvidar el filtro solar. Arranqué con caminata hacia el centro de Coyoacán, a unas 10-12 cuadras de casa. Tipo 11 la plaza estaba tranquila, algunas personas desayunando tarde (ahora se dice "brunch", así que: personas bruncheando), algunos músicos, gente paseando. Al rato la plaza explotaba: los bares llenos, pibitos de todas las edades jugando, y gente muy elegante entrando y saliendo de la iglesia (bautismos, bodas, chicas de 15 con vestidos de colores), turistas, vendedores ambulantes... un mar de gente. 
Coyoacán es muy pintoresco, lleno de colores, sonidos y aromas. En los barrios las casas son grandes, por lo general protegidas por gruesos murallones y alambrados o rejas; todo pintado con mucho color. El centro tiene de todo: la iglesia, los mercados, el Museo de Culturas Populares, bares, heladerías, locales comerciales, muchos pero muchos puestos ambulantes (de comidas, de artesanías, de chucherías, de cosas dulces), músicos. Suena un valsecito por allá, algo tipo "mariachi" por acá, sale Thalía, o Arjona, o Shakira, o Luis Miguel de alguna radio, y una banda de músicos jóvenes canta temas de Los Cadillacs y La Mosca. 

Entro al Museo de Culturas Populares, me meto primero en la librería y me compro un par de revistas. En un momento me siento descompuesta, estoy por pegar la vuelta pero por suerte con agua fresca y descanso repunté. Menos mal, me estaba perdiendo todo lo que faltaba en el patio del Museo: una orquesta juvenil tocando con violines, cellos y algunos instrumentos de viento; talleres de cerámica y una feria gastronómica que tenía de todo. Me animé a probar algunas cosas, como miel pura, cereales con chocolate y jugo de tuna y pepino. Paseé un poco por el Mercado Artesanal, que tiene cosas bastante lindas. No compré nada porque por ahora debo moderarme con los gastos, pero ya ví varias cositas que me gustaron. I'll be back. 
Luego me fui a un restaurante muy lindo que había localizado y le entré a algo bien típico: pollo con mole poblano (una salsa con muchos ingredientes, incluyendo obvio pimientos y... chocolate!). Estaba bueno, aunque el pollo estaba frío y la gaseosa, caliente, mmm. Para el postre, me fui a la plaza a tomar un helado de dulce de leche, llamado aquí: paleta de cajeta. No es igual igual al dulce nuestro, pero estaba rico.

Ya para ese momento tenía bastante sueño. El día estaba lindo, sin lluvias, pero pesado. Es como si corriera menos aire, no sé, tal vez sean la altura y el smog. De todos modos, emprendí el regreso tranqui y seguí paseando. Me metí en el mercado no-artesanal, donde se puede comprar de todo: frutas, verduras, carnes, pescados, dulces, piñatas, ropa, banderas y guirnaldas. También hay puestos de comida. Justo enfrente, una pequeña plaza llena de pintores que ofrecen sus cuadritos. Cosas muy lindas: I'll be back 2. 

Luego de tres o cuatro cuadras ya hay menos gente, aunque queda un último punto neurálgico de turismo: la casa de Frida Kahlo. Desde afuera es muy grande, toda pintada de azul. Tuve la oportunidad de ir cuando estuve hace seis años en la ciudad, así que no es que mueeero por volver. Además había mucha fila para entrar y yo no daba más. Así que: tal vez vuelva. Hay tiempo, y me queda cerca.

Recién, en casa, con más agua fresca y un delicioso alfajor Jorgito que aún tengo en stock levanté un poco la energía. 

Les dejo algunas fotos para transmitir el color, aunque aún es complicado transmitir los olores. 

Parroquia y Ex-Convento San Juan Bautista

Textil expuesto en el Museo Nacional de Culturas Populares

Puesto de la feria Gastronómica 

Jardín del Centenario, fuente de los Coyotes y música para niños

Casa de Frida 


jueves, 4 de septiembre de 2014

México DF: Día 3: El día sociable.

Hoy el día arrancó bien, ya que en la esquina donde ayer me quisieron robar hoy me regalaron una muestra gratis de detergente de 600 cm3. Buena onda, lástima que tuve que cargarla todo el día.

Socialicé un poco más, tanto con mi tutor como con conocidos de Twitter. Ah, sí, porque las redes sociales no son sólo para perder el tiempo, también sirven para contactarse con colegas de todas partes y luego visitarlos personalmente. Toda la gente es súper amable, yo temía que fueran distantes o secos pero nada que ver, a fin de cuentas somos todos latinos. Hablan tanto o más que yo, así que me siento en mi salsa :-) Me dan consejos y me hacen sentir muy bienvenida. 

Los días laborales son cada vez más intensos, pero me estoy organizando mejor. La beca está buenísima porque me da total libertad para moverme por institutos y bibliotecas de la UNAM y de afuera. Haré breves temporaditas en cada instituto para exprimirlos a full. Hoy estuve en la presentación de un libro; encontré una jornada buenísima que dura todo el día de mañana, y un curso dictado por un lingüista ruso sobre lingüística y epigrafía. Bueno... ya los empiezo a aburrir, pero saben que me encanta. Voy a terminar agotada, por suerte la otra semana hay un feriado :D

Respecto de las comidas: hoy fue un día bien alimentado. Localicé un mega supermercado dentro de la ciudad Universitaria, la "Tienda Unam": básicamente se compra de todo, desde computadoras hasta ropa y comida, y queda al toque del metro, como para comprar algo antes de volver a casa. En el kiosco de la vuelta del instituto venden comidas (¡sin picante!), cafés varios, compré unas nueces que me salvan del apuro. Así que no se preocupen que el pequeño y yo nos estamos alimentando bien. Eso sí: acá no sólo se desayuna más tarde sino que también se almuerza más tarde. Eso de comer a las 13.30 es muy sudamericano. 

Llueve todos los santos días, aunque no durante todo el día. Está bueno si te agarra bajo techo (como ahora) o a la hora de dormir (como ayer) pero qué plomazo. Mi horario de salida de la facu no lo define un reloj sino el "aprovecho ahora que paró la lluvia". 

Última curiosidad: cada vez que hago un trámite les llama la atención que use un solo apellido. "Sí, soy solo LauSan". Podría ponerme el apellido propio + el materno + el de casada. Ahí seguro los dejo con la boca abierta.



miércoles, 3 de septiembre de 2014

México DF: día 2

Llegué ayer pero siento como si estuviera acá hace un montón. 
No llegué a comprar nada para el desayuno, y por eso decidí salir con tiempo para tomar algo en un café muy lindo que localicé ayer. No muy grata fue mi sorpresa al notar que, siendo las 9.20 de la mañana, estaba cerrado. ¿A qué hora se desayuna acá? (y no era un desquicio mío, en el cartel anunciaban desayunos!) El siguiente barcito estaba lleno, claro. "Bueno, seguro en el patio de comidas del shopping hay algo". El shopping abre a las 11. Eeeen fin, terminé haciendo lo que no quería: cayendo en un Starbucks que me pareció carísimo. Pero algo había que comer. 

Fui para Ciudad Universitaria (en adelante: CU), directo para el instituto. Uno de estos días me tomaré otros pumabuses para recorrer el resto de la CU, que es enorme! Me recibió el Secretario Académico, me presentó a todo el mundo, recorrimos las instalaciones (¡lindísimo todo!). Bueno, ahí viene la parte aburrida (para los lectores, aunque buenísima para mí): a configurar el wifi en mi compu con los chicos de sistemas y a trabajar a la biblioteca. Más o menos así será mi rutina. Punto a favor: la biblioteca es súper cómoda y tiene un muy buen catálogo; punto en contra: los lugares para comer quedan lejos, lo que me lleva al punto siguiente.

La dieta Thunderstorm ("tormenta eléctrica", pero en inglés queda más chic): ayer iba a salir de compras y se largó con todo. "Mah sí, yo me quedo en casa". Hoy estaba laburando y dije "tipo una corto y busco dónde comer". Una menos algo: bruuuum, trueno, se larga con todo. "Pero si el día estaba lindo", y sí... es así: mañanas frescas, mediodías calurosos, tardes de tormenta. Un desafío para el vestuario. El tema con el morfi tuvo que esperar, igual había desayunado bastante así que todo bien. Pero si cada vez que me agarra hambre se larga con todo esto puede ser un problema. Tendré que valerme de snacks en la mochila. Para cuando aplacó la lluvia ya había trabajado bastante y me fui.

Al salir del metro me confundo de salida (tiene miles, y todo está lleno de gente) y desemboco en una avenida imposible de cruzar. Es muy difícil cruzar ciertas calles, hay que mandarse o esperar que te den paso, o sumarse a un malón y cruzar en manada. Bueno... en uno de estos cruces en manada, el único momento en que llevé la mochila en la espalda y no adelante, noté cierto movimiento extraño. Crucé la calle corriendo despacito y manoteé: cierre más grande abierto, grrrrrr. Gracias a la corridita salvé la compu de las garras de un punga. Bronca y alivio al mismo tiempo. La única manera de sacarme la mufa era con unos ricos tacos al pastor. Todavía no me le animo a las salsas exóticas y a los jugos raros, mejor agua mineral. 

Para estar conectada con Argentina, leo noticias desde Twitter (un desquicio lo del impuesto a Netflix, y una locura ganarle a Alemania AHORA y no hace dos meses. Lloro) y escucho Aspen en casa. 

Cosas que sí me gustan: el instituto está buenísimo, e incluso tiene computadoras que podemos usar los que laburamos ahí (dejaré a mi querida Pemberley -así se llama mi notebook- en casa). La gente es amigable, y hay mucho laburo para hacer. Me gusta mi casa y la tranquilidad del barrio.

Cosas que no me gustan: el metro sin escaleras mecánicas y sin banquitos para esperar en el andén. El caos que es cruzar ciertas calles. La ausencia de mercaditos chinos en el barrio (¿o será en toda la ciudad?). 

Postdata exótica: en el centro comercial ya están vendiendo ARTÍCULOS NAVIDEÑOS. Eeeehhhh ¿no se adelantaron un poco?

Eso es todo por hoy amigos, los espero en próximas ediciones de Las Aventuras de LauSan.





martes, 2 de septiembre de 2014

México DF: Día 1

[voy a usar este medio para ir compartiendo con todos mis aventuras por tierras mexicanas]
[no voy a escribir todos los días ni con tanto detalle, pero las andanzas de hoy y mi necesidad de compartirlo merecen un relato pormenorizado]

Locación: mi nuevo hogar de Coyoacán. 

Horas de sueño: tres o cuatro en el avión.

[espero no dormirme antes de terminar el post] 

El primer vuelo, de Buenos Aires a Santiago, estuvo tranqui, fui leyendo mientras tres chicas al lado mío estallaban a carcajadas como si el avión fuera el último recreo del viernes. El aeropuerto de Santiago es muy lindo, cómodo y bastante chico; si bien estaba justa con el tiempo llegué tranqui a hacer el transbordo. 

El segundo vuelo era muy top: lugar para estirar las piernas, pantallitas individuales llenas de pelis y series (temporadas completas de Downton Abby!!), frazada, antifaz para dormir y (lo mejor de todo): el asiento de al lado vacío para tirar mis bártulos. Elegí para ver "La vida de Walter Mitty" o algo así, de Ben Stiller: hermosa peli, no sé si estaré sensible o qué pero me lloré todo. Sí, estoy sensible, lloré en cada despegue. La cena la sirvieron a las 3 am (hora argentina), un poco escasos y tardíos los raviolitos (más para mí que ahora como por 1 y 1/4) pero bue. Algo dormí. En algún momento me desperté con dolor de panza: parabólica humana + embarazo + avión no serían compatibles. Desayuno, amanecer sobre las montañas, aterrizaje.
"Bienvenidos a la Ciudad de México".

Primer paso: aeropuerto y taxi.
Arranqué calmada. Migraciones todo ok, pero en la cinta de las valijas me empecé a agotar: no había ni un solo carrito para transportarlas. De a poco, sin apuro, llegué al final del recorrido aeroportuario. Paso siguiente: conseguir plata. Localizo casa de cambio pero no me doy cuenta que el tipo de al lado mío está comprando dólares como para pagar a los fondos buitres... se tomó ochomil horas. 
Luego: taxi. Contrato el taxi autorizado, pago con tarjeta en el aeropuerto, muy civilizado todo. Subo al taxi, digo las coordenadas: "¿Vos sabés cómo llegar?" me dice el tipo... HORROR. En fin, le tiré un par de puntos de referencia y luego en el barrio miramos el mapa y llegamos ok. Tras una hora de viaje... bendito tráfico. En fin, desde que aterrizó el avión hasta que llegué a la casa terminé cansadísima. Y esto recién empezaba...

Segundo paso: desembarco en la nueva casa.
Llego, el taxista me ayuda con las valijas / maletas, y se va. Yo me enfrento a un nuevo reto: cuál de los cuatro timbres será? "Mah sí, los toco todos". Toco una, dos, varias veces. Pasan como quince minutos y nada. No tengo desde dónde llamar a la señora porque no activé el roaming. "Listo, ya está, quedé varada". Varada, con las valijas y el saco en la mano (porque salió el sol y empezó el calor). Ok LauSan. O llorás o pensás cómo arreglarlo. Ya lloraste bastante. "Caminemos hasta ese barcito de la otra cuadra, seguro tiene wifi, me conecto, la ubico y todo se arregla". Llego hasta el barcito que no era tal cosa sino una especie de almacén. Aaaaaaahhh. A media cuadra diviso un teléfono público (¡todavía existen!). Pero ¿de dónde cuernos saco monedas? Le pido al almacenero (?) cambio, se re copa, me da moneditas y plata chica, y me explica cómo llamar a ese nro (ya está etiquetado como "almacén" amigable). Llamo a la dueña de casa, la ubico, "en cinco minutos llego"
- Ah, y qué timbre tengo que tocar?
- No, no es un timbre, hay una soga que hace sonar una campanita.
AVISÁÁÁÁÁÁ.

Una casa con mucha onda: estoy en un primer piso, en una habitación enorme con un baño privado bastante grande. Las ventanas dan a árboles y la calle es tranquila. Hay un parquecito en el fondo, una cocina grande (compartida), el taller de cerámica, el de productos orgánicos y un salón para clases de yoga. Ni les puedo explicar el olorcito que sube desde la cocina. 

Rumbo a la UNAM:
Después de todas mis peripecias me "instalé" en la habitación a las 11. A las 12.30 tenía que estar en el instituto que me da la beca, que queda en la Ciudad Universitaria de la UNAM. Así que básicamente fui al baño y rajé para el instituto. Voy paseando hacia el metro, localizo barcitos con onda, casas de licuados y café, un restó de sushi (que no me tienta), y una panadería gigante que me enloquece. Compro chip para el teléfono, tomo el metro y llego sin dramas. 
La Ciudad Universitaria es inmensa. ENORME. La estación terminal del metro es, no sé, tan grande y superpoblada como la estación Morón en hora pico. Busco la parada de los "pumabus": colectivos de la universidad que tienen distintos recorridos ¡y son gratis! Y obvio van llenos. Tomo el que me corresponde y me bajo en la estación que me toca "Instituto de Jurídicas" (yo voy al de Históricas, pero es más top ponerle a la parada "Jurídicas" que "Históricas", obvio). Una chica me encara. 
- ¿Sabés dónde queda el Instituto de Investigaciones Estéticas? 
- No, pero estoy buscando el de Históricas, y sé que quedan cerca. Vamos juntas
- A mí me dijeron que me baje acá y busque unos edificios azules a los que les dicen "Los Pitufos". - [Esto es POCO SERIO].
- Bueno, busquemos, vayamos para allá.
Obviamente, para "allá" no era. Era para el otro lado. Damos unas vueltas y finalmente llegamos.
Hago todos mis trámites académico / administrativos, pero cuando tienen que ubicar a mi tutor no está. Paso a esperarlo en un sillón, en un cómodo y mullido sillón, en un relajante sillón... se corta la luz. Aaaaaaahhhhh estuve a punto de caer rendida en los brazos de Morfeo. 
Al cabo de un rato largo me dicen que todo bien pero que no ubican a mi tutor y que vuelva mañana. 

Regresando
El cansancio se me vino encima a la hora de la vuelta. Encima me confundí de escaleras para ir al subte y tuve que subir y bajar varias veces más. Me metí en el primer Mc que encontré y después de comer no-sano volví a casa. 
En fin amigos, estoy contenta pero agotada. La gente es muy amable y la comida huele deliciosa, aunque creo que recién mañana le entraré a los tacos y a las quesadillas.

Idioma:
"numeral", o sea esto: #, se dice "sapito" o "gatito". O algo así, cuando me lo explicó el señor de Telmex me costó aguantarme la risa.
"Mc Nuggets" no se pronuncia "mac náguets" sino "mac núgues". (sí, estaba tan agotada en cierto punto que caí en lo cómodo, me fui a un macdonal y me pedí unos núgues, no me juzguen).
El "vuelto" es "el cambio". 
"Me regala una firma" es "me firma este ticket?". Bah, usan mucho "regalar". Ya ubicaré mejor cuándo corresponde usarlo.
Se me deschava el argentinismo cuando pronuncio la Y y cuando hablo de vos. 

En fin, cambio y fuera zzzzzzzzzzzzzz 

lunes, 28 de julio de 2014

Quedar varados

[pasado el furor mundialista vuelvo a otra de las cosas que me encantan: los viajes. Y mis boludeces relacionadas con los viajes.]

Cuando estamos recorriendo un lugar desconocido, nuevo, placentero, solemos sacar fotos hermosas como para recordar siempre esos momentos de felicidad. Pero esos ratos de alegría y contemplación suelen ser eso, ratos. Más largos, más cortos, pero de ningún modo la totalidad del tiempo viajero. Los viajes también están llenos de otros momentos, situaciones que nos llevan al borde de la locura, de la zozobra y del ridículo. 
Estar de viaje es estar en tránsito, es moverse de un lugar a otro, es querer llegar desde acá hasta allá. Pero algunas veces tardamos demasiado en llegar de un punto a otro, y otras tememos quedar varados, sin poder salir de un "acá" donde ya no queremos (o podemos) estar.
Pues... a mí me pasó varias veces. Algunas viajando sola, otras con mi novio que padeció en carne propia mi histeria. Esos momentos en que no nos detenemos a sacarnos fotos porque sólo queremos teletransportarnos a nuestra cómoda y calentita habitación.

La primera vez que quedamos varados fue en Montevideo. Estábamos acampando en una playa cercana a la ciudad, Salinas, pero habíamos ido a Montevideo para pasar una noche de carnaval en el Club Malvín. Nos lo habían recomendado, viajamos en bondi, dimos vueltas por el barrio bastante perdidos y al final llegamos al club. Lo pasamos muy bien; cuando terminó el espectáculo la gente se fue yendo, y de los colectivos ni noticias. Seguíamos varados y solos en la madrugada, sin un bondi cerca y cada vez con más frío. Nos tomamos un taxi hasta Tres Cruces, la terminal desde donde salían los micros para los alrededores de Montevideo. No les puedo explicar mi nivel de ansiedad y preocupación para ese momento. De noche, sin transporte, con poca plata, en una ciudad desconocida, con frío y sueño. Cuestión que llegamos a la terminal a eso de la 1 de la mañana... y el primer micro salía a las 5. Ya está, no hay nada que hacer. La bronca y los nervios dieron lugar a la resignación y a esperar y dormitar en un banquito toda la madrugada. Una delicia. Llegamos al camping al amanecer. Suena romántico pero no lo fue. 

La vez siguiente fue en un recorrido por la Quebrada de Humahuaca. Después de haber caído en un par de hoteles medio desagradables que habíamos reservado desde Buenos Aires, decidimos que era mejor llegar al siguiente destino y ahí elegir "cara a cara" dónde parar. Lo que no tuvimos en cuenta fue la hora a la que llegaríamos a cada lugar. Todo bien con recorrer y comparar hoteles siempre que uno esté abrigado, alimentado y en un horario más o menos normal. No fue el caso. Cerrábamos el viaje en Salta, y hacia allí nos dirigimos en un bondi desde Humahuaca. Pensamos que demoraría un par de horas, pero nos tomamos el lechero y se tomó más de seis, incluyendo paradas de Gendarmería y revisiones de mochilas en el medio de la nada... Nuevamente, la locura se fue apoderando de mí. Cuando pensé "ya estamos llegando" pusieron una película de tres horas. Me desesperé. Caímos en la terminal de Salta como a las doce de la noche y nos atacó una horda de promotores de hostels ofreciéndonos lugar. Yo, desconfiada, ansiosa y rodeada de desconocidos estaba al borde del pánico. "Estos seguro son todos estafadores". Nos metimos en la terminal y le dije a Sergio "¿por qué no vas a averiguar si hay algún alojamiento recomendado". "Dale, quedate con los bolsos" y se fue. Yo había entendido que iría a alguna oficina de turismo, y lo esperé, y esperé. Me quedé sola, abrigada y abrazando las mochilas, esperando. No recuerdo si no teníamos celular o nos faltaba batería o qué, pero de mi buen muchacho ni noticias. Por mi mente cruzaban las peores ideas: que se perdió y no sabe cómo volver era la más light, que lo habían secuestrado para robarle los órganos era la más trágica. Como a la hora apareció... se había mandado a recorrer Salta (sin mapa ni nada, así, a lo explorador intuitivo) y consiguió un hostel de lo más lindo. Pero claro... para ese momento yo ya era el demonio de Tasmania, la locura personalizada. "Me dejaste sola!! ¿Cómo se te ocurre? ¿Por qué no me avisaste? Estás loco!!!". "Pero nos conseguí un buen lugar". Pobre, le dije de todo menos lindo. Se necesitaron tres días de torrontés, empanadas salteñas y dulces regionales para calmarme.
Es así, sepan que puedo ser muy buena compañera de viajes pero que cuando enloquezco... agarrate.

Otra vez que casi quedo no sólo varada sino también presa fue en Bariloche. Ya nos tocaba volver, y siempre es triste volver de Bariloche. Pero bueno, las vacaciones terminaron. Estábamos con Sergio en la fila para embarcar, a punto de subir al avión, de nuevo a la noche tarde (el vuelo más barato, ejem), cuando ocurre lo más temido. Me llaman por altavoz. 
- Pasajera LauSan, preséntese en el mostrador de check-in, por favor. 
Con mi desconcierto me fui hacia abajo. 
- Bueno, Sergio quedate acá, no te vayas sin mí! 
Llego abajo, pensando que no sé, que tal vez el vuelo estaba sobrevendido y nos pasaban a primera clase o algo así. Me apersono en el mostrador.
- Soy yo, ¿qué pasa?
- Acompáñenos, por favor. 
Dos señores representantes de la autoridad aparecieron de la nada, detrás mío, y me pidieron que fuera con ellos. Y ahí me fui.
- ¿Qué pasa? - yo ya pensaba en llamar un abogado, en recordar mis derechos, en que todo lo que diga pueda ser usado en mi contra, en qué cuernos está pasando. Pero logré quedarme calmada. De a poco estoy aprendiendo a no enloquecer.
- Tenemos que ir a la pista
- ... - noenloquecer, noenloquecer, no-en-lo-que-cer !!!!!!!!!!!
- Usted está viajando con un elemento prohibido en la mochila
- ... - ¡elemento prohibido! ¿Qué elemento prohibido? ¿La navaja? Pero si está bien que la navaja vaya abajo. ¿¡Me metieron drogas!? Nah, si es un vuelo de cabotaje. - ¿Qué elemento prohibido? Esto debe ser un error. - Sí, claro, todos deben decir lo mismo, ¿por qué me van a creer? 
- Usted está transportando una garrafa y no se puede viajar con una garrafa.
- ¡Yo no tengo ninguna garrafa! - Noenloquecer, noenloquecer, noenloquecer ¡pero una garrafa la puta madre eso es re terrorista!
- Acompáñenos a la pista.
Ahí fui, con estos dos buenos muchachos, a la pista del aeropuerto de Bariloche, a la noche, de nuevo a chupar frío. El backstage del vuelo. Las lucecitas de la pista y un montoncito de equipaje esperando para subir al avión.
- ¿Usted es LauSan?
- Sí
- Entonces esta es su mochila, y en su mochila hay una garrafa.
- No.
- Sí.
- ¿Usted es LauSan?
- Sí, pero esa no es mi mochila.
- Pero acá dice "LauSan".
- Sí, pero no es mi mochila. 
- Pero dice "LauSan".
- Pero no es mía. Le dije, esto es un error, yo no vine en carpa, no tengo carpa, no tengo garrafa, no tengo nada.
- Pero tiene su nombre.
- Se habrán confundido. La chica que nos hizo el check-in imprimió como cinco tiritas con mi nombre porque no funcionaba bien la impresora. Le habrán puesto mi nombre a otra mochila.
- ¿Y entonces?
- ¡Y qué se yo!
- ¿Y qué hago con esta mochila?
- ¡Dejela acá, si tiene una garrafa! ¡No la pensará subir al avión!
- Pero si la dejo se queda sin su equipaje.
- ¡Pero que no es mi mochila le dije!
- ¿Y de quién es?
- ¡Qué se yo! - Laputamadre se me va el avión. Si pierdo el vuelo les armo un quilombo y un bruto reclamo y me van a tener que pagar un finde en el Llao Llao. Mínimo.
- Bueno, volvamos, me tiene que acompañar a declarar.
- ¡Pero pierdo el vuelo! 
- Bueno, está bien, la acompañamos a la puerta de embarque, muchas gracias.
- ...

Volví a embarcar, Sergio me estaba esperando, subimos al avión, padecimos las miradas de la gente ("por culpa de estos dos hippies salimos con demora") y me senté. Ahí hice catarsis. "¡Estos hijos de puta pensaron que yo quería volar el avión!". Dije la palabra "bomba" a los gritos, ya pensando que me iban a bajar y meter en cana de nuevo. Volvimos a casa y jamás me enteré de quién era el dueño esa bendita mochila con elemenos prohibidos.

Moraleja: Sin contratiempos, a los viajes les falta algo. 
Moraleja 2: Igual... no enloquecer.

lunes, 14 de julio de 2014

El día después

Se fue el mundial, pasó volando, y nos dejó de todo. Se vendrán los días de análisis del partido, pensar el futuro de la selección, los que sigan protestando porque "nos robaron la final" y los que, resignados, admitamos que estuvimos cerca y que se nos escapó de las manos.

A mí, en lo personal me dejó muchos nuevos seguidores en twitter (que probablamente se vayan cuando me vean tuiteando en la vida normal). Me dejó hermosos momentos familiares, deliciosas picadas, partidos con amigos, comentarios en los grupos de facebook y whatsapp, polémicas sexistas, inspiración para la escritura y festejos callejeros. Me dejó un pequeño triunfo en el Prode. Me dejó un mes para no olvidar.

Tenemos miles de momentos para atesorar. Las derrotas tempranas de campeones y las insólitas victorias de equipos sorpresivos. Goles hermosos, atajadas memorables, arbitrajes ridículos y eliminaciones injustas. Nuevas estrellas que brillan mientras otras se opacan. Lágrimas de dolor, de nervios, de derrota y de miedo. Y también de alegría.

Disfrutamos los cantos, el color, las entrevistas bien hechas, la emoción de los jugadores, disfrutamos sentirnos un poco más cerca de cada uno de ellos. Padecimos y seguiremos padeciendo a los que piensan el fútbol como una verdadera guerra. A los entrevistadores sin sentido común y a los que bajan línea moral. A los que piensan realmente que la naturaleza de un país se expresa en cómo actúan sus hinchas y que las tapas de los periódicos definen lo que siente una nación. A los que interpretan políticamente lo que pasó en el mundial: que nos merecemos la derrota porque "somos así", los que creen que llegamos lejos por el bienestar del país y los que piensan que quedamos afuera por nuestra debacle económica. En fin...

Vuelve la selección y la aplaudiremos. Y después volveremos a sumergirnos en la rutina sin mundial, en el fútbol local, en las puteadas a barrabravas y dirigentes, en la pasión y en el tedio cotidianos. Los hombres argentinos seguirán lesionándose en picados con los amigos y juntándose a las once de la noche a jugar en cualquier canchita. Los pibes argentinos seguirán soñando con ser futbolistas. Ojalá, en lugar de reclamar a los jugadores por lo que no hicieron, aprendamos a "poner huevo" en lo que hacemos nosotros, aspiremos a ser mejores en lo nuestro, y en lugar de pedirle a los dioses que sean dioses, recuperar su lado humano.

El fútbol expresa lo mejor y lo peor de la vida: la pasión, el peso del azar, el cansancio, la garra, el poder del talento pero también sus límites, la fuerza del paso del tiempo, la ilusión más infundada, lo justo y lo injusto, los momentos de gambeta y poesía y los de violencia y bronca. Lo efímero de la alegría y lo profundo de las tristezas.
Por eso nos enganchamos, nos apasionamos, nos comprometemos, por eso nos bajoneamos cuando perdemos. Pero a los pocos minutos lo seguimos mirando y volvemos a alentar.